Ferran Adrià, chef: “Para mejorar un tomate frito de bote, no uses azúcar, añade nata, orégano fresco y aceite de oliva”

Ferran Adrià, chef: “Para mejorar un tomate frito de bote, no uses azúcar, añade nata, orégano fresco y aceite de oliva”

El tomate frito de bote es uno de esos ingredientes que pueden solucionar una comida en pocos minutos. Sirve para acompañar pasta y arroz, preparar unas albóndigas, completar una lasaña o utilizarlo como base de numerosos platos. Sin embargo, su sabor puede resultar demasiado plano o uniforme frente a una salsa preparada en casa. Ferran Adrià tiene un truco muy sencillo para darle otra dimensión.

Cocinero que dirigió el mítico restaurante elBulli y sin dudas una de las figuras más influyentes de la gastronomía contemporánea, Adrià también estuvo al comando de Cala Montjoi, que llegó a obtener tres estrellas Michelin y marcó una época por su trabajo de innovación culinaria.

A pesar de estar asociado a la alta cocina y a algunas de las técnicas más innovadoras de las últimas décadas, Adrià también ha dedicado parte de su trabajo a explicar cómo aplicar conocimientos profesionales a platos sencillos, elaborados con productos habituales y pensados para cocinar en casa.

Su propuesta con el tomate frito demuestra, además, que para mejorar una salsa industrial no hace falta complicarse demasiado: basta con modificar su textura, aportar aromas frescos y añadir una grasa que redondee el conjunto.

Así mejora Ferran Adrià un simple tomate frito de bote

La idea fue explicada por el chef en La cocina fácil de Ferran Adrià, una exitosa colección de 11 DVDs preparada para acercar al público masivo técnicas y conceptos de la alta cocina.

Parte de un producto completamente cotidiano: un tomate frito comprado en el supermercado, y el primer paso consiste en poner ese tomate en un cazo y calentarlo a fuego suave, evitando que llegue a hervir. No interesa someter una salsa que ya está cocinada a una temperatura excesivamente alta, sino calentarla y permitir que los ingredientes que se añadirán después se integren.

Cuando el tomate está caliente, Adrià incorpora nata para cocinar y remueve hasta conseguir una preparación homogénea. La nata suaviza la intensidad del tomate y aporta una textura más cremosa.

Después entran en juego los aromas: pimienta negra recién molida y orégano fresco. Este último detalle es importante, porque la hierba fresca aporta un perfume diferente al del orégano seco que solemos guardar en la despensa.

El último ingrediente es un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. Se mezcla todo y se mantiene aproximadamente un par de minutos a fuego suave. El resultado es una salsa de tomate más cremosa, aromática y compleja sin necesidad de empezar desde cero con tomates frescos.

Cómo preparar el tomate frito cremoso al estilo de Ferran Adrià

Para aplicar el truco de Ferran Adrià no hacen falta cantidades estrictas, ya que pueden ajustarse según la cantidad de tomate y el gusto de cada persona. Los ingredientes son estos:

  • Tomate frito de bote
  • Nata para cocinar
  • Orégano fresco
  • Pimienta negra
  • Aceite de oliva virgen extra

Para preparar esta receta, coloca el tomate frito en un cazo y caliéntalo lentamente sin dejar que hierva. Añade una pequeña cantidad de nata y remueve hasta integrarla completamente. Incorpora pimienta negra y orégano fresco al gusto. Agrega finalmente un chorro de aceite de oliva virgen extra, mezcla y cocina a fuego bajo durante unos dos minutos.

Conviene añadir la nata poco a poco. Si se utiliza demasiada, el sabor del tomate puede quedar excesivamente diluido y la salsa perderá parte de su carácter. La intención es aportar cremosidad, no convertirla en una salsa de nata.

Por qué Ferran Adrià no añade azúcar a su salsa de tomate

Uno de los puntos más llamativos de la receta es precisamente lo que no lleva: azúcar. Añadir una cucharadita de azúcar al tomate es una costumbre muy extendida para intentar contrarrestar su acidez, pero en esta preparación Adrià prescinde de ella.

Es importante distinguir, sin embargo, entre neutralizar químicamente la acidez y modificar nuestra percepción del sabor. El azúcar puede hacer que una salsa parezca menos ácida porque aporta dulzor, pero no elimina los ácidos presentes en el tomate.

En una salsa casera, además, la elección de tomates suficientemente maduros y una cocción adecuada permiten conseguir sabores más equilibrados sin necesidad de recurrir automáticamente al azúcar. En un tomate frito comercial, como el que utiliza Adrià en este truco, el producto ya ha sido cocinado y formulado por el fabricante, por lo que conviene probarlo antes de decidir si necesita algún ajuste.

La combinación propuesta por el chef busca otra cosa: hacer que un producto cotidiano gane textura y profundidad de sabor. La nata aporta cremosidad, la pimienta añade un punto ligeramente picante, el orégano fresco introduce aromas herbales y el aceite de oliva termina de redondear la salsa.

El resultado puede utilizarse directamente con pasta, pero también funciona para acompañar verduras, carnes, albóndigas o preparaciones gratinadas. Un bote de tomate corriente se convierte así, con cuatro ingredientes y apenas unos minutos de cocina, en una salsa bastante más personal.

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