El cafées una de las bebidas más consumidas del mundo, pero sus efectos sobre el organismo todavía esconden algunas sorpresas. Durante décadas, buena parte de las investigaciones se concentraron en la cafeína, responsable de su conocida capacidad estimulante.
Sin embargo, el neurobiólogo John Cryan, profesor de la Universidad de Cork (Irlanda) y especialista en la relación entre el intestino y el cerebro, sostiene que otros componentes del café también pueden desempeñar un papel importante en nuestra salud.
El investigador explica que tanto el café convencional como el descafeinado pueden actuar sobre la microbiota intestinal y relacionarse con diferentes aspectos del bienestar psicológico y cognitivo.
John Cryan analizó cómo responde la microbiota intestinal al consumo de café
El equipo de Cryan, vinculado al centro de investigación APC Microbiome Ireland, estudió cómo cambia la microbiota intestinal cuando los consumidores habituales dejan de tomar café y posteriormente vuelven a incorporarlo a su dieta.
En el estudio participaron 62 personas, divididas en dos grupos: 31 consumidores habituales de café y otras 31 que no acostumbraban a beberlo. Los primeros dejaron de consumirlo durante dos semanas y posteriormente volvieron a incorporarlo a su dieta.
Cuando los participantes retomaron el consumo, algunos de esos cambios se revirtieron. Los resultados apuntan a una posible relación entre los componentes del café, los microorganismos intestinales y determinados procesos que intervienen en la comunicación entre el intestino y el cerebro.
Una de las observaciones más interesantes fue que los efectos no dependían exclusivamente de la cafeína. Tanto el café convencional como el descafeinado mostraron asociaciones con cambios en la microbiota.
Sin embargo, el reducido número de participantes obliga a interpretar los resultados con prudencia. El estudio no demuestra que beber café pueda prevenir la depresión o tratar los trastornos de ansiedad.
Por qué el café puede influir en la microbiota intestinal más allá de la cafeína
Una taza de café contiene cientos de sustancias químicas. Entre ellas destacan los polifenoles, compuestos de origen vegetal con propiedades antioxidantes y capaces de interactuar con las bacterias intestinales.
Los ácidos clorogénicos constituyen una de las principales familias de polifenoles presentes en el café. Aunque parte de estas sustancias se absorbe durante la digestión, otra fracción llega al intestino grueso, donde puede ser transformada por los microorganismos.
Esta relación cuenta con respaldo científico independiente. Un estudio publicado en Nature Microbiology en 2024 analizó datos de 22.867 participantes y los complementó con información procedente de otras 211 cohortes.
Los investigadores identificaron una asociación especialmente marcada entre el consumo de café y la abundancia de una bacteria intestinal denominada Lawsonibacter asaccharolyticus. Su presencia era entre 4,5 y 8 veces mayor en los consumidores de café que en quienes no lo bebían. Los experimentos de laboratorio también mostraron que el café podía estimular su crecimiento.
El descubrimiento refuerza la idea de que esta bebida modifica el ecosistema intestinal, aunque todavía no permite afirmar que el aumento de esa bacteria produzca beneficios clínicos concretos.
Qué efectos sobre el cerebro observó John Cryan con el café con cafeína y el descafeinado
El estudio de Cryan, publicado en abril de 2026 en Nature Communications, también examinó las diferencias entre ambas variedades. Además de los consumidores habituales de café, los investigadores incluyeron un grupo de comparación formado por 31 personas que no acostumbraban a beberlo. Tras el periodo inicial de abstinencia, los consumidores habituales recibieron café convencional o descafeinado durante 21 días.
Los participantes que tomaron café con cafeína mostraron mejoras en determinadas pruebas de atención y reducciones en los indicadores de ansiedad y malestar psicológico. Por su parte, el grupo que consumió descafeinado presentó resultados favorables en aspectos relacionados con la memoria, el sueño y la actividad física.
Ambas variedades se asociaron con reducciones del estrés percibido, los síntomas depresivos y algunos indicadores inflamatorios.
No obstante, los autores también detectaron ventajas entre quienes no consumían café, como menor impulsividad y mayor estabilidad emocional en determinadas comparaciones. Por tanto, los resultados no permiten concluir que el café sea beneficioso para todas las personas ni que una variedad resulte universalmente superior.
Cuánta cafeína se puede tomar al día, según los expertos
Los hallazgos de Cryan coinciden parcialmente con investigaciones epidemiológicas de mayor tamaño. Una revisión publicada en The BMJ analizó numerosos metaanálisis y encontró que el consumo habitual de café se asociaba más frecuentemente con beneficios que con perjuicios para la salud.
Otra investigación que reunió datos de más de diez millones de participantes encontró asociaciones entre el consumo de café, tanto convencional como descafeinado, y una menor mortalidad general. Sin embargo, estos estudios observacionales no demuestran una relación directa de causa y efecto.
En adultos sanos, una ingesta de hasta 400 miligramos diarios de cafeína suele considerarse segura, aunque la tolerancia individual varía. Durante el embarazo se recomienda limitarla a 200 miligramos al día.
El descafeinado puede ser una alternativa para quienes experimentan insomnio, nerviosismo o palpitaciones con la cafeína, aunque no está completamente libre de esta sustancia.
La conclusión es que los beneficios potenciales del café no se explican únicamente por su efecto estimulante. Sus polifenoles y su interacción con la microbiota abren nuevas posibilidades de investigación, pero todavía hacen falta estudios más amplios para establecer sus consecuencias a largo plazo.
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