Jordi Cruz, chef: “Para que el arroz blanco quede perfecto, basta con 600 ml de agua, 5 g de sal y 19 minutos”

Jordi Cruz, chef: “Para que el arroz blanco quede perfecto, basta con 600 ml de agua, 5 g de sal y 19 minutos”

Hay platos que parecen sencillos hasta que te pones delante de la olla. El arroz blanco es uno de ellos. Tres ingredientes, una cazuela y la promesa de un resultado perfecto… que no siempre llega. A veces queda pasado, otras se apelmaza y, en el peor de los casos, termina siendo una masa incomible que arruina cualquier plato.

Por eso no es extraño que cada cierto tiempo vuelva la misma pregunta a las cocinas: ¿cómo se consigue un arroz blanco suelto de verdad? En un vídeo de Instagram, el popular cocinero y jurado de MasterChef, Jordi Cruz ha querido poner orden en este clásico doméstico con un método tan simple como medido al milímetro. Nada de trucos complicadísimos ni ingredientes extra: solo arroz, agua, sal y tiempo. Y, sobre todo, mucha precisión.

Un básico que parece fácil, pero no lo es tanto

El arroz forma parte del día a día en muchas cocinas. Es barato, versátil y encaja bien en casi cualquier comida. Podemos usarlo como guarnición, plato principal o como base de recetas rápidas entre semana.

Sin embargo, su facilidad aparente es un tanto engañosa. Cualquier que lo haya cocinado sabe que el margen de error es mínimo: un poco más de agua de la cuenta, unos minutos extra de cocción o un fuego mal regulado es suficiente para que el resultado cambie por completo.

No es raro que el arroz quede pegajoso o con una textura irregular, y aquí es donde entra el método que ha compartido el chef catalán: una técnica sencilla pero que no deja nada a la improvisación y asegura un arroz blanco perfecto, suelto y delicioso.

El primer paso lo cambia todo: lavar el arroz

El primer paso es de esos que solemos pensar que no es necesario hacerlo, pero en realidad es el más importante. Como asegura Jordi Cruz, antes de pensar en el fuego o en el tiempo, hay que lavar el arroz a conciencia.

El proceso es muy sencillo: se coloca el arroz en un bol y se enjuaga varias veces con agua fría hasta que el agua salga transparente. Al hacerlo, se elimina parte del almidón superficial que recubre el grano y que es el responsable de que el arroz se apelmace durante la cocción. Una vez se reduce, los granos se separan mejor y el resultado es un arroz mucho más suelto.

Esta es una técnica habitual en muchas cocinas asiáticas, donde el arroz no es un acompañamiento secundario, sino la base de la alimentación diaria.

La receta exacta de Jordi Cruz para hacer el arroz blanco perfecto

La preparación del cocinero catalán es directa y perfectamente medida. Solo necesitas tres ingredientes en unas cantidades muy concretas, nada más:

  • 500 g de arroz redondo
  • 600 ml de agua
  • 5 g de sal

Con esto, es suficiente. Ahora, solo tienes que seguir el paso a paso y respetar al máximo los tiempos:

  1. Coloca el arroz ya lavado en una cazuela.
  2. Añade el agua y la sal, procurando que se reparta bien. A partir de aquí, empieza una cocción dividida en tres fases muy concretas.
  3. Primero, fuego fuerte durante 4 minutos, con la cazuela tapada. Es el momento en el que el agua rompe a hervir.
  4. Después, sin destapar, baja el fuego al mínimo y se mantiene la cocción durante 10 minutos más. Aquí el arroz absorbe el agua de forma progresiva.
  5. Por último, apaga el fuego y deja reposar 5 minutos, siempre con la tapa puesta. Solo entonces se destapa.

El resultado, según el propio chef, es un grano suelto, cocido en su punto exacto y listo para cualquier preparación, como salteados o base para todo tipo de platos.

La clave no está en el arroz, sino en las proporciones y el tiempo

No se trata de añadir ingredientes, sino de respetar tiempos y cantidades. Con este método, el arroz deja de ser algo que “se vigila a ojo” y pasa a ser una preparación casi matemática.

La proporción de agua, por ejemplo, es más ajustada de lo habitual. No queremos pasarnos con el líquido, sino usar el necesario para que el grano se cocine sin deshacerse. Y el reposo final, ese paso que muchas veces omitimos, es clave, porque permite que el vapor termine de asentarse y que los granos se separen sin romperse.

Un arroz que sirve para todo

Lo mejor de un arroz blanco como este es su gran versatilidad. Sirve para todo, tanto para acompañar verduras salteadas, platos de curry, carnes o pescados como para usarlo de base para recetas más elaboradas o incluso para soluciones rápidas del día a día.

Con un poco de imaginación, puede convertirse en un arroz con especias, en una base para bolitas de estilo japonés o en el acompañamiento perfecto para un plato sencillo de última hora. Además, tenerlo listo en la nevera es, de hecho, uno de esos pequeños recursos que nos cambian por completo la organización de la semana en la cocina.

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