Los chefs españoles coinciden: “La salsa brava original no lleva tomate, se hace con pimentón, ajo y caldo de jamón”

Los chefs españoles coinciden: “La salsa brava original no lleva tomate, se hace con pimentón, ajo y caldo de jamón”

Hablar de patatas bravas en España es entrar en uno de los grandes debates de la gastronomía popular. Hay bares que las sirven con tomate frito, otros mezclan mayonesa y kétchup, algunos incorporan alioli y otros preparan una salsa espesa de color rojizo donde el tomate ni siquiera aparece. Sin embargo, varios chefs y especialistas coinciden en una idea: la salsa brava tradicional no nació con tomate.

La chef Begoña Rodrigo, ganadora de una estrella Michelin y del premio a la Mejor Chef Femenina de Europa de la Guía Michelin 2023, es una de las voces que recientemente ha reivindicado esa receta: su salsa se elabora con ajo, pimentón, harina y un litro de caldo de jamón, sin añadir tomate, una fórmula que, según defiende, ofrece un sabor mucho más profundo y equilibrado.

No es la única. El chef Alberto Chicote también ha explicado en distintas ocasiones que la auténtica salsa brava no necesita tomate. Su receta parte de un sofrito de cebolla y ajo, incorpora pimentón dulce y picante y se liga con harina y caldo de jamón para conseguir una textura sedosa y un picante equilibrado.

El origen de una salsa que nació en Madrid

Aunque hoy las patatas bravas se preparan en toda España, numerosos historiadores gastronómicos sitúan su origen en Madrid, donde comenzaron a popularizarse a mediados del siglo XX en bares emblemáticos como Casa Pellico o La Casona.

Según explican los críticos gastronómicos José Carlos Capel y Julia Pérez, autores del libro Las mejores patatas bravas de España, la salsa original era una preparación ligada con harina, aceite, pimentón y caldo. El tomate, sostienen, llegó después en muchas versiones comerciales, hasta el punto de que hoy numerosas personas creen erróneamente que forma parte de la receta tradicional.

El ingrediente imprescindible para la mayoría de los cocineros es el pimentón. La receta de Begoña Rodrigo combina pimentón dulce y una pequeña cantidad de pimentón picante, una mezcla que proporciona color, aroma y el característico toque de las bravas sin necesidad de recurrir al tomate.

Después de sofreír ligeramente el ajo, la chef incorpora la harina para elaborar un roux y añade poco a poco el caldo de jamón hasta obtener una salsa espesa. El resultado recuerda más a una velouté especiada que a una salsa de tomate tradicional.

Alberto Chicote sigue una filosofía similar. Aunque introduce cebolla en su elaboración, también prescinde del tomate y apuesta por dejar que sean el pimentón y el caldo quienes construyan el sabor principal.

En ambos casos, el objetivo es el mismo: conseguir una salsa con personalidad, ligeramente picante y con un fondo intenso que acompañe las patatas sin ocultar su sabor.

¿Entonces por qué tantas patatas bravas llevan tomate?

La respuesta a esta pregunta está en la evolución de la cocina popular: con el paso de los años, muchos establecimientos comenzaron a simplificar las recetas utilizando tomate frito como base o mezclando distintas salsas comerciales. Era una solución más rápida, económica y fácil de conservar.

Además, en algunas zonas de España aparecieron interpretaciones propias. En Cataluña, por ejemplo, es frecuente servir las patatas con una combinación de salsa picante y alioli. En otros lugares se utilizan tomates asados, pimientos choriceros o incluso guindillas frescas.

Hoy no existe una “receta oficial” protegida. Hay muchas versiones válidas, pero cuando se habla de la salsa brava “original”, la mayoría de los especialistas coinciden en que el tomate no desempeñaba un papel protagonista.

Cómo preparar una salsa brava tradicional en casa

La elaboración es mucho más sencilla de lo que parece. Los ingredientes básicos son:

  • Aceite de oliva virgen extra
  • Varios dientes de ajo
  • Harina de trigo
  • Pimentón dulce
  • Una pequeña cantidad de pimentón picante y
  • Un buen caldo de jamón o de carne

Quienes prefieran una versión vegetariana pueden sustituir este último por un caldo de verduras bien concentrado.

Primero, se sofríe el ajo a fuego suave para que perfume el aceite sin llegar a dorarse en exceso. Después, se incorpora la harina y se cocina durante unos minutos para eliminar el sabor a crudo. A continuación, se añade el pimentón fuera del fuego durante unos segundos, evitando que se queme, y finalmente se vierte el caldo poco a poco mientras se remueve constantemente.

Tras unos minutos de cocción, la salsa adquiere una textura cremosa y brillante. Muchas recetas recomiendan triturarla y colarla antes de servir para obtener un acabado más fino.

Servida sobre unas patatas cortadas en dados grandes, fritas dos veces para conseguir un exterior crujiente y un interior tierno, esta salsa demuestra por qué sigue siendo una de las preparaciones más emblemáticas de la gastronomía española. No necesita tomate para conquistar el paladar: el equilibrio entre el ajo, el pimentón y un buen caldo basta para explicar por qué tantos chefs siguen defendiendo la receta tradicional.

Estas son las mejores patatas bravas de Madrid y Barcelona

Si hablamos de las patatas bravas más famosas, hay una serie de locales que aparecen de forma recurrente en guías gastronómicas, rankings y recomendaciones de chefs. Además, son interesantes porque representan estilos muy diferentes de salsa brava.

Madrid reivindica la salsa brava sin tomate, ligada con pimentón, harina y caldo. Es la interpretación que defienden especialistas como José Carlos Capel y chefs como Alberto Chicote o Begoña Rodrigo. Barcelona, en cambio, popularizó una versión en la que las patatas suelen servirse con dos salsas: una brava picante y otra de alioli.

En Madrid, algunas de las más populares son estas:

  • Docamar: probablemente las bravas más míticas de Madrid. Abierto desde 1963, este bar presume de elaborar su salsa con una receta secreta que apenas ha cambiado. La salsa no es de tomate, sino una emulsión especiada ligada con caldo y pimentón.
  • Las Bravas: uno de los establecimientos históricos del centro. Llegó incluso a registrar comercialmente su salsa brava y durante décadas fue una referencia para turistas y madrileños. Su versión es algo más espesa y ligeramente dulce que otras.
  • Casa Dani: conocido por su tortilla de patatas, también prepara unas bravas muy apreciadas, elaboradas con una salsa más moderna pero fiel al protagonismo del pimentón.
  • Bodega de la Ardosa: otro clásico madrileño. Sus bravas suelen aparecer entre las mejores de la ciudad y destacan por una salsa intensa y bastante picante.

Y en Barcelona se destacan estos sitios:

  • Bar Tomás: las más famosas de Barcelona y posiblemente las más conocidas de Cataluña. Se sirven desde hace décadas con una salsa picante cuya receta permanece en secreto y, tradicionalmente, con alioli. Son un auténtico icono gastronómico de la ciudad.
  • Senyor Vermut: uno de los templos del vermut barcelonés. Sus bravas mezclan salsa picante y alioli casero, siguiendo una tradición muy catalana.
  • Bodega Joan: clásico del Eixample, famoso por unas bravas muy equilibradas y una salsa con bastante personalidad.
  • La Esquinica: un referente en Nou Barris. Sus patatas bravas aparecen desde hace años en prácticamente todas las listas de las mejores de Barcelona.

Si deseas leer más artículos parecidos a Los chefs españoles coinciden: “La salsa brava original no lleva tomate, se hace con pimentón, ajo y caldo de jamón”, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Recetas de salsas rojas.