Los chefs estrella Michelin coinciden: “Para que las gambas al ajillo estén más buenas, aprovecha el jugo de las cabezas y cocínalas menos de un minuto”

Los chefs estrella Michelin coinciden: “Para que las gambas al ajillo estén más buenas, aprovecha el jugo de las cabezas y cocínalas menos de un minuto”

Pocas recetas representan mejor la cocina española que unas buenas gambas al ajillo. Con apenas un puñado de ingredientes —gambas, ajo, aceite de oliva y, para muchos, un toque de guindilla— este clásico del tapeo ha conquistado bares y restaurantes de todo el país. Precisamente por su aparente sencillez, cualquier pequeño error puede arruinar el resultado, mientras que un gesto bien ejecutado es capaz de transformar un plato cotidiano en una receta memorable.

Tres referentes de la gastronomía española, José Andrés, Ferran Adrià y Quique Dacosta, han compartido en diferentes ocasiones su visión sobre esta preparación. Aunque cada uno aporta su propio estilo, los tres parten de una misma idea: el protagonista absoluto debe ser el sabor natural de la gamba. Para conseguirlo, recomiendan aprovechar al máximo el producto, controlar la cocción con precisión y no esconder el marisco bajo una montaña de ingredientes.

José Andrés: el mejor sabor está en las cabezas de las gambas

José Andrés sorprendió hace años al revelar que uno de los secretos de sus gambas al ajillo consiste en aprovechar una parte que muchas personas tiran directamente a la basura: las cabezas.

El cocinero aconseja comprar siempre gambas enteras y extraer cuidadosamente el jugo que contienen antes de cocinarlas. Ese líquido, de intenso color anaranjado, concentra buena parte del sabor del marisco y aporta una profundidad difícil de conseguir únicamente con aceite y ajo.

La explicación también tiene base científica. En las cabezas se concentran grasas, aminoácidos libres y compuestos responsables del llamado sabor umami, además de sustancias aromáticas que se liberan durante la cocción. Incorporar ese jugo al final de la preparación permite obtener una salsa mucho más intensa y untuosa sin necesidad de añadir caldos, concentrados ni potenciadores de sabor.

José Andrés recomienda, además, no hervir ese jugo durante demasiado tiempo. Basta con incorporarlo cuando las gambas están prácticamente listas para que emulsione con el aceite caliente y forme una salsa brillante que invita a mojar pan.

Ferran Adrià: aprovechar todo el producto es cocinar mejor

La filosofía de Ferran Adrià coincide con la de José Andrés en un aspecto fundamental: el mejor ingrediente ya está dentro de la propia gamba.

El famoso chef de elBulli ha defendido durante años una cocina donde el aprovechamiento del producto es tan importante como la técnica. En el caso de las gambas al ajillo, eso significa no desperdiciar cabezas ni cáscaras sin antes extraer todo su potencial gastronómico.

Una forma de conseguirlo consiste en sofreír ligeramente las cabezas en el aceite antes de retirarlas y presionarlas para liberar sus jugos. Ese aceite adquiere inmediatamente un intenso aroma marino que servirá de base para cocinar después los ajos y las colas.

Esta manera de cocinar responde también a una tendencia muy presente en la alta gastronomía actual: reducir el desperdicio alimentario. Cada vez más chefs utilizan pieles, espinas, huesos o cáscaras para elaborar fondos, aceites aromáticos y salsas que aportan complejidad sin necesidad de incorporar nuevos ingredientes.

Quique Dacosta: la cocción perfecta dura apenas unos segundos

Si José Andrés pone el foco en aprovechar el sabor de las cabezas y Ferran Adrià en sacar partido a cada parte del marisco, Quique Dacosta insiste en un aspecto igual de importante: la cocción.

El chef alicantino, reconocido por su trabajo con los productos del Mediterráneo, defiende que una buena gamba necesita muy poca intervención. El calor debe ser intenso, pero breve. En cuanto la carne cambia de un tono translúcido a otro opaco, es momento de retirarla del fuego. Apenas uno o dos minutos, dependiendo del tamaño, suelen ser suficientes.

La razón es puramente culinaria. Las proteínas del marisco comienzan a desnaturalizarse con rapidez cuando aumenta la temperatura. Si la cocción se prolonga más de la cuenta, esas proteínas se contraen, expulsan parte de su agua y la carne pierde jugosidad, adquiriendo esa textura gomosa que arruina el plato.

Otro detalle que recomienda el chef es retirar el intestino —el fino hilo oscuro que recorre el lomo de la gamba— para conseguir un sabor más limpio y una presentación más cuidada. Es un paso opcional en casa, pero muy habitual en la alta cocina.

En definitiva, para Dacosta la mejor gamba al ajillo es aquella en la que el ajo acompaña al marisco sin eclipsarlo y en la que la cocción respeta al máximo la textura natural del producto.

Qué tipo de gamba elegir para obtener el mejor resultado

Aunque la receta admite distintas variedades, la elección del marisco influye notablemente en el sabor final. La gamba roja ofrece un gusto más intenso y una mayor concentración de jugos en la cabeza, por lo que suele ser la favorita de muchos cocineros para este tipo de preparaciones.

La gamba blanca, más suave y delicada, proporciona un resultado equilibrado y suele ser una excelente opción para cocinar en casa. Los langostinos, por su parte, tienen una carne algo más firme y soportan mejor unos segundos extra de cocción, aunque su sabor resulta menos concentrado.

Sea cual sea la elección, los chefs coinciden en un consejo: siempre que sea posible conviene comprarlas enteras y frescas, ya que las cabezas y las cáscaras aportan una intensidad aromática imposible de conseguir cuando el marisco llega ya pelado.

Receta de gambas al ajillo inspirada en los consejos de José Andrés, Ferran Adrià y Quique Dacosta

Ingredientes (4 personas)

  • 500 g de gambas enteras
  • 6 dientes de ajo
  • 80 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 guindilla seca (opcional)
  • 2 cucharadas del jugo de las cabezas de las gambas
  • Perejil fresco picado
  • Sal

Elaboración

  • Pelar las gambas reservando las cabezas y las cáscaras. Retirar el intestino de las colas con ayuda de un palillo o la punta de un cuchillo.
  • Presionar las cabezas para extraer su jugo y reservarlo. Si se desea un sabor más intenso, sofreír ligeramente las cabezas durante un minuto en el aceite y retirarlas después.
  • Laminar los ajos y dorarlos suavemente en el aceite junto con la guindilla, si se utiliza. El objetivo es perfumar el aceite sin que el ajo llegue a quemarse
  • Incorporar las gambas y cocinarlas apenas entre 30 segundos y un minuto por cada lado, dependiendo de su tamaño
  • Añadir el jugo reservado de las cabezas, remover unos segundos para que emulsione con el aceite y retirar inmediatamente del fuego
  • Espolvorear perejil fresco picado y servir muy caliente acompañado de abundante pan para aprovechar la salsa

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