Las patatas fritas pueden acompañar una hamburguesa, unos huevos, carnes o pescados y también convertirse por sí solas en aperitivo. Su éxito tiene una explicación que va más allá del sabor. Según la médica y nutricionista Magda Carlas, la textura crujiente proporciona una sensación especialmente placentera, a la que se suma el gusto salado característico de las patatas de bolsa.
El inconveniente está en que durante la fritura la patata incorpora aceite y aumenta considerablemente su densidad energética. Carlas explica que 100 gramos de patatas fritas de bolsa pueden superar las 550 calorías y señala además su contenido en sodio. Esto no significa necesariamente tener que eliminarlas por completo, sino controlar tanto el tipo de producto elegido como la cantidad.
Esta es la opción que conviene elegir al comprar patatas fritas, según la especialista
La recomendación de Carlas es bastante sencilla: entre las patatas fritas comerciales, es preferible optar por las que no están aromatizadas y están fritas en aceite de oliva. La especialista aconseja además limitar la ración a unos 25 o 30 gramos.
La explicación tiene sentido si se observa la enorme variedad disponible actualmente en los supermercados. Las versiones con sabores pueden incorporar más ingredientes además de patata, aceite y sal, por lo que revisar la etiqueta permite saber exactamente qué estamos comprando.
Carlas también recuerda que las denominadas patatas “light” pueden contener alrededor de un 30 % menos de energía, aunque esa denominación no convierte automáticamente al producto en un alimento para consumir sin límite.
La propia patata, además, no es un alimento carente de nutrientes. Aporta hidratos de carbono y es fuente de potasio, vitamina C y vitamina B6, además de proporcionar algo de fibra, especialmente cuando se consume con piel, según explica la Escuela de Salud Pública de Harvard. El cambio importante se produce con la preparación: al freírla se incorpora grasa y aumenta su aporte energético.
Cómo hacer unas patatas fritas más saludables en casa
Para Carlas, la mejor alternativa consiste en preparar las patatas en casa, porque de esta forma podemos controlar los ingredientes y el aceite utilizado. También propone recurrir al horno cuando se busca una preparación más ligera.
Otra posibilidad es la freidora de aire. Aunque el resultado no es exactamente igual al de una fritura tradicional, permite reducir considerablemente la cantidad de grasa. En una comparación realizada por la OCU, las patatas preparadas en freidora convencional presentaron un 6,2 % de grasa frente al 1,9 % de las cocinadas con aire.
También influye el tipo de patata elegido. Las variedades con mayor contenido en materia seca suelen comportarse mejor en fritura porque desarrollan un exterior crujiente sin deshacerse con facilidad. En España, algunas variedades habituales para freír son Agria, Kennebec o Monalisa, aunque el resultado también depende del grosor del corte y del tiempo de cocción. Escoger patatas de tamaño parecido ayuda, además, a conseguir piezas más uniformes y una cocción más regular.
Otro detalle útil es evitar llenar demasiado la sartén o la cesta de la freidora. Introducir una gran cantidad de patatas de golpe puede hacer caer bruscamente la temperatura del aceite, alargar la cocción y dificultar que queden crujientes. Prepararlas en varias tandas permite mantener una temperatura más estable y obtener un acabado más homogéneo.
Una vez cocinadas, conviene servirlas cuanto antes. El reposo prolongado favorece que pierdan textura debido a la humedad. Si se han frito en aceite, colocarlas unos instantes sobre papel absorbente también ayuda a retirar parte de la grasa superficial antes de añadir la sal.
Si se opta por la fritura tradicional, conviene escoger un buen aceite, controlar la temperatura y evitar prolongar innecesariamente la cocción.
Un detalle importante al freír patatas: mejor doradas que demasiado tostadas
No solo importa la cantidad de aceite. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) advierte sobre la acrilamida, una sustancia que puede generarse naturalmente en alimentos ricos en almidón cuando se someten a temperaturas elevadas.
Para reducir su formación al preparar patatas fritas en casa, la AESAN aconseja no superar los 175 ºC y detener la cocción cuando las patatas tengan un color dorado, evitando que lleguen al marrón oscuro. También recomienda conservar las patatas en un lugar seco y oscuro, fuera de la nevera, lavarlas después de cortarlas y secarlas bien antes de freírlas.
Por tanto, unas buenas patatas fritas caseras no necesitan demasiados secretos: patatas en buen estado, aceite de oliva, temperatura controlada y una fritura que termine en el dorado, no cuando empiezan a quemarse. Y, como recuerda Carlas, la cantidad también importa.
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