Martín Berasategui, chef: “Las carrilleras más tiernas y jugosas se hacen con un sofrito sin dorar y mantequilla fría al final”

Martín Berasategui, chef: “Las carrilleras más tiernas y jugosas se hacen con un sofrito sin dorar y mantequilla fría al final”

Las carrilleras de cerdo han pasado en pocos años de ser un corte humilde, casi asociado a la casquería tradicional, a convertirse en uno de los platos más apreciados de la cocina española contemporánea. Buena parte de esa transformación tiene que ver con chefs como Martín Berasategui, que llevan décadas reivindicando el potencial gastronómico de piezas consideradas menores cuando se cocinan con paciencia, técnica y respeto por el producto.

El cocinero vasco, uno de los chefs españoles más reconocidos del mundo, insiste desde hace años en una idea sencilla: las mejores carrilleras no necesitan ingredientes sofisticados. Según explicó en distintas recetas y demostraciones culinarias, el secreto está en controlar bien la cocción y evitar errores habituales en el sofrito.

En una de sus preparaciones más comentadas, Berasategui propone cocinar las carrilleras con vino tinto, caldo de carne, zanahoria, puerro y cebolla, rematando la salsa con apenas 25 gramos de mantequilla fría. El resultado es un guiso oscuro, brillante y profundamente aromático, con una carne que prácticamente se deshace al tocarla con el tenedor.

El gran error que arruina el sofrito, según Berasategui

Aunque pueda parecer un detalle menor, el chef vasco considera que el punto clave de la receta está en el tratamiento de las verduras. En declaraciones recuperadas por distintos medios gastronómicos, Berasategui insiste en que zanahoria, puerro y cebolla deben “sudar”, pero nunca llegar a tostarse.

La explicación tiene una base culinaria y química bastante clara. Cuando las verduras se caramelizan en exceso o se queman ligeramente, aparecen compuestos amargos que alteran el equilibrio final de la salsa. Por eso el cocinero apuesta por un pochado lento, a temperatura moderada, que permita extraer dulzor y aromas sin desarrollar sabores agresivos.

Ese método también ayuda a que la salsa conserve un perfil más limpio y elegante, algo especialmente importante en recetas largas donde el líquido se reduce durante horas. La técnica recuerda a muchos fondos clásicos de la cocina francesa, donde el control del fuego es casi tan importante como la calidad de los ingredientes.

Antes de llegar a ese punto, Berasategui marca muy bien la carne en la cazuela. Ese dorado intenso activa la llamada reacción de Maillard, un proceso químico fundamental en la cocina que genera cientos de compuestos aromáticos cuando proteínas y azúcares se combinan a altas temperaturas.

La técnica del chef para unas carrilleras perfectas

Las carrilleras necesitan tiempo. Mucho tiempo. Se trata de un músculo muy trabajado del animal, rico en colágeno y tejido conectivo, algo que inicialmente las hace duras pero que, tras una cocción prolongada, se convierte en una textura gelatinosa y melosa muy apreciada en gastronomía.

Berasategui recomienda cocinarlas durante al menos dos horas a fuego suave, aunque en olla convencional el proceso puede acercarse a las tres horas. El objetivo es que la carne llegue a un punto en el que prácticamente no ofrezca resistencia al pincharla.

El vino tinto cumple además una doble función: por un lado aporta profundidad aromática y notas afrutadas; por otro, su acidez ayuda a equilibrar la grasa natural del plato. Después de añadirlo, el chef aconseja reducirlo hasta evaporar parcialmente el alcohol antes de incorporar el caldo.

Otro detalle importante es evitar enharinar las carrilleras antes de sellarlas. Aunque muchas recetas tradicionales utilizan harina para espesar la salsa, Berasategui considera que ese paso puede generar sabores tostados y amargos poco agradables.

El truco final de la mantequilla para un extra de jugosidad

Cuando la carne ya está lista y la salsa ha reducido lentamente, llega uno de los gestos más característicos de la alta cocina clásica: incorporar mantequilla fría al final de la cocción.

La técnica, conocida en la cocina francesa como monter au beurre, permite emulsionar la salsa y darle una textura sedosa y brillante. Además, aporta una sensación más untuosa en boca sin necesidad de añadir harinas ni espesantes adicionales.

Berasategui utiliza apenas 25 gramos, suficientes para transformar el acabado del plato sin ocultar el sabor de la carne.

Convertidas en uno de los grandes símbolos de la cocina española contemporánea, las carrilleras reúnen varias características muy valoradas hoy por hoy: aprovechamiento integral del animal, sabor intenso y capacidad para ofrecer resultados espectaculares con ingredientes relativamente económicos.

Además, admiten numerosos acompañamientos: puré de patatas, arroz blanco, verduras asadas o unas simples patatas fritas funcionan especialmente bien con una salsa rica en colágeno y sabor.

El éxito de esta receta también refleja un cambio en la gastronomía española: muchos cortes considerados secundarios desaparecieron en los últimos años de las mesas domésticas, pero chefs como Berasategui ayudaron a recuperar estas elaboraciones lentas y tradicionales, demostrando que la cocina de fondo y paciencia sigue teniendo un enorme prestigio.

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