Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de alimentos: “Para comprar los mejores arándanos, elige los que tengan la capa blanquecina intacta y evita los más lisos y brillantes”

Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de alimentos: “Para comprar los mejores arándanos, elige los que tengan la capa blanquecina intacta y evita los más lisos y brillantes”

En el momento de llenar el carro o la cesta de la compra, los arándanos suelen ser uno de esos pequeños caprichos saludables que más nos entran por los ojos. Brillantes, azul intenso y perfectos a primera vista. Sin embargo, según el tecnólogo de alimentos Miguel Ángel Lurueña, esa estética tan “limpia” no siempre es la mejor señal de calidad y buen estado, sino todo lo contrario.

“Si vais a comprar arándanos, los mejores suelen ser los que conservan esa capa blanquecina intacta”, explica el experto en una de sus publicaciones divulgativas en su perfil de Instagram, donde desmonta uno de los errores más habituales que cometemos casi todos al elegir esta fruta en el supermercado.

Qué es esa capa blanquecina que recubre los arándanos

Esa película blanquecina que recubre algunos arándanos genera desconfianza en muchos consumidores. A menudo se interpreta como suciedad, restos de pesticidas o incluso moho incipiente. Y la reacción habitual suele ser la contraria a la recomendada: elegir los frutos más brillantes, azules o lavarlos intensamente antes de guardarlos.

Sin embargo, como explica el experto Lurueña, esa capa tiene un nombre y una función muy clara: “Esa capa blanquecina se llama pruina y es una cera producida de forma natural por el propio fruto”. La pruina no es exclusiva del arándano, sino que también podemos verla en otras frutas como las uvas o las ciruelas. Es, de hecho, una característica bastante común en frutos que necesitan cierta protección natural frente al entorno.

La pruina está formada por una fina capa de ceras naturales que el propio fruto sintetiza durante su desarrollo. A nivel microscópico, está compuesta por estructuras cristalinas que tienen un efecto muy concreto sobre la luz: la dispersan. Esto es lo que genera ese aspecto mate, ligeramente blanquecino, que muchas personas confunden con suciedad. Pero lejos de ser un problema, es un indicador de frescura y buen estado. Tal como explica el tecnólogo de alimentos, “la especialidad de la pruina es que forma cristales microscópicos que dispersan la luz y producen ese efecto mate tan característico”.

La pruina: una barrera natural de protección que alarga su vida útil

Más allá de su apariencia, la pruina tiene una función biológica muy importante, y es que no es un “resto” ni algo decorativo, sino una auténtica barrera de defensa del fruto. Según Lurueña, esta capa “cumple una función protectora, reduce la pérdida de agua y ayuda así a que el arándano se mantenga firme y jugoso”. Esto es clave para entender por qué los arándanos con pruina intacta suelen estar en mejor estado. La fruta pierde menos humedad, mantiene su textura durante más tiempo y llega en mejores condiciones al consumidor.

Además, esta capa también actúa como protección frente a factores externos. “Actúa como barrera frente a la radiación ultravioleta que llega desde el sol y protege el fruto frente a hongos, bacterias y otros agentes externos”, señala el experto. En otras palabras, la pruina es una especie de “escudo natural” que prolonga la vida útil del arándano.

El error de elegir los arándanos más brillantes y azules

Una de las ideas más repetidas en la divulgación alimentaria es que lo más brillante no siempre es lo mejor, y en el caso de los arándanos, esto se cumple de forma bastante clara.

Cuando la pruina desaparece, el fruto suele tener un aspecto más liso, húmedo y brillante. Y aunque a simple vista pueda parecernos más atractivo, en realidad indica que esa capa protectora se ha perdido. “Los mejores suelen ser los que conservan esta capa blanquecina intacta”, advierte Lurueña. “Si en lugar de eso los frutos tienen un aspecto liso, brillante y azulado, no suele ser buena señal”. Esto puede deberse a varios factores, como manipulación excesiva, golpes durante el transporte o simplemente un tiempo prolongado en el lineal del supermercado. En cualquier caso, la ausencia de pruina suele asociarse a una menor vida útil de esta fruta.

La explicación de Lurueña coincide con lo descrito en distintas referencias en ciencia de los alimentos y agronomía. Organismos como la FAO o centros de investigación en horticultura han señalado en distintos estudios que las ceras epicuticulares (como la pruina) forman parte esencial de los mecanismos naturales de conservación de frutas no climatéricas. En términos prácticos, esto significa que frutas con pruina intacta suelen tener mejor comportamiento postcosecha, es decir, aguantan más tiempo en buen estado desde la recolección hasta el consumo.

Cómo lavar y conservar correctamente los arándanos en casa

Otro de los hábitos más extendidos es lavar los arándanos en cuanto se llega a casa, incluso frotándolos con intensidad para eliminar esa capa blanquecina. Sin embargo, como también señala el experto, esto puede ser contraproducente. Al eliminar la pruina, también se elimina parte de la protección natural del fruto: “ya en casa también hay que tener cuidado. Hay que manipularlos con delicadeza; podemos dañar esa capa de pruina y acortar su vida útil”. Esto no significa que no haya que lavarlos, pero sí que conviene hacerlo en el momento adecuado y con suavidad, preferiblemente justo antes de consumirlos.

En la práctica, la mejor forma de lavarlos es muy sencilla: colocarlos en un colador y enjuagarlos brevemente bajo un chorro suave de agua fría, sin sumergirlos durante mucho tiempo ni frotarlos entre sí. Después, es importante dejarlos escurrir bien y secarlos con papel de cocina a pequeños toques para retirar el exceso de humedad. Este detalle es clave, porque la humedad prolongada acelera la aparición de moho y el deterioro del fruto.

En cuanto a su conservación, lo ideal es guardarlos en la nevera, dentro de su envase original o en un recipiente poco hermético que permita una cierta ventilación. Los arándanos necesitan “respirar” ligeramente para mantenerse en buen estado, por lo que los recipientes completamente cerrados y con humedad acumulada pueden jugar en su contra. También es importante no apilarlos en exceso, ya que el peso puede dañar los frutos de la parte inferior y acelerar su deterioro.

Otro consejo importante es no lavarlos todos si no se van a consumir de inmediato. Lo más recomendable es ir sacando pequeñas cantidades según se necesiten, manteniendo el resto sin lavar en frío. De esta forma se preserva mejor la pruina y, con ella, su capacidad natural de conservación. Bien almacenados, los arándanos pueden mantenerse en buen estado varios días en la nevera, conservando su textura firme y su sabor característico. Y aunque puedan parecer un alimento delicado, lo cierto es que, con estos pequeños cuidados, su frescura se prolonga mucho más de lo que solemos pensar.

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