Ni el croissant es francés ni la tortilla francesa nació en Francia: el origen real de estos platos según una historiadora

Ni el croissant es francés ni la tortilla francesa nació en Francia: el origen real de estos platos según una historiadora

Algunos platos populares parecen venir de un país solo por su nombre... pero la realidad suele sorprender. Si algo se llama 'francés' o 'ruso', enseguida asociamos que nació allí y que ese es su origen. Sin embargo, lo cierto es que la historia de la gastronomía es mucho más viajera y política de lo que en un principio parece.

La experta en historia contemporánea Ana Velasco ha explicado recientemente en el programa de radio 'Herrera en COPE' que muchos de los platos que asociamos a una nacionalidad concreta tienen un origen bastante distinto al que imaginamos.

Desde el famoso croissant o la tortilla francesa hasta la tradicional ensaladilla rusa, estos son algunos de los ejemplos más curiosos.

El origen del croissant no está en Francia

Pocas imágenes hay más parisinas que la de un café con un croissant en una de las clásicas terrazas de la ciudad del amor. Sin embargo, ¿sabías que su origen no está en Francia? Así lo señala la historiadora Ana Velasco: "No, no es francés en absoluto. De hecho, su antecesor directo es un dulce austríaco que tiene forma de media luna y que se conoce desde el siglo XI en Austria".

Ese antecesor sería el kipferl, un bollo tradicional centroeuropeo que puede ser salado o dulce y que se conoce desde el siglo XI en Austria. Lo que hicieron los panaderos franceses siglos después (en torno al siglo XIX) fue reversionarlo. Como explica Velasco, "panaderos franceses empezaron a adaptar este dulce con masa de hojaldre y con técnicas de fermentación y con mantequilla al estilo de la cocina francesa".

Por lo tanto, el croissant tal y como lo conocemos hoy día sí es fruto del saber hacer francés, pero su origen es austríaco. Un ejemplo perfecto de cómo las recetas evolucionan y cambian de identidad.

La tortilla francesa tampoco es francesa

En España, la llamamos 'tortilla francesa' y nos referimos a la tortilla que solo se hace con huevo batido vuelta y vuelta. Esa tortilla que más de una vez nos ha salvado incontables cenas rápidas. Pero en Francia no existe como tal con ese nombre, sino que allí se habla simplemente de omelette sin apellidos ni referencias extranjeras.

Velasco lo explica: "Había una tortilla que es francesa y que se hacía de huevo, que es la famosa omelette. Lo que pasa es que en España se llama tortilla francesa, la tortilla que solo tiene huevos en oposición a la tortilla con patatas".

Curiosamente, el nombre 'tortilla francesa' nació durante la Guerra de la Independencia. En ese contexto, muchas zonas estaban desabastecidas y era más fácil conseguir huevos que patatas. "En oposición a la tortilla normal, a la tortilla de patatas, se le empezó a llamar tortilla francesa porque eran os resultados de la ocupación de los franceses", explica la historiadora.

En resumen, un plato humilde, nacido de la necesidad, que acabó con un apellido extranjero que no describe su verdadero origen.

Eso sí, la tortilla de patatas —la auténtica protagonista— sí es española y así se reconoce internacionalmente.

Otro caso llamativo: el de la ensaladilla rusa

Presente en bares y muchas mesas, la ensaladilla rusa parece tener un origen muy claro por su nombre. Pero la historia es más compleja.

Tal y como explica Velasco, la receta original fue creada en el siglo XIX por un chef belga llamado Lucien Olivier, que trabajaba en el restaurante Hermitage de Moscú. De hecho, la receta se conocía como 'ensalada Olivier'. Y poco tenía que ver con la ensaladilla rusa popular actual. "Era una receta muy sofisticada que no se parece en nada a la ensaladilla rusa. Tenía carne de urogallo, lengua de ternera, caviar, pepinillos, patata y una salsa que lo unificaba", aclara.

Con el tiempo, la receta se fue simplificando. Se popularizó en diferentes versiones, con pollo en el centro de Europa y con atún en España.

También fue una receta que incomodó al franquismo, el adjetivo 'rusa' no resultó especialmente cómodo en ese contexto ideológico. La historiadora explica: "no es que Francisco Franco lo prohibiese explícitamente, no es que haya una noma que diga dejemos de llamar a la ensaladilla rusa, 'ensaladilla rusa', pero sí que estaba mal visto llamar a todas estas cosas rusas o tenía un halo extranjerizante".

De hecho, hubo intentos de rebautizarla como 'ensaladilla nacional' o 'ensaladilla española', aunque el nombre popular terminó imponiéndose finalmente.

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