Con la llegada del verano, el melón y la sandía se convierten en dos de las frutas más consumidas en España. Refrescantes, ricas en agua y con un importante aporte de vitaminas y antioxidantes, son protagonistas habituales de la mesa durante los meses de calor. Pero también es cierto que muchas veces quedamos decepcionados al cortar una pieza aparentemente perfecta y descubrir que está insípida, harinosa o poco madura.
Para evitarlo han surgido infinidad de trucos populares: golpear la sandía para escuchar su sonido, oler el melón, fijarse en el color de la piel o incluso observar la forma del fruto. Pero ¿qué hay de cierto en estas recomendaciones? La respuesta es que algunas tienen una base científica, aunque conviene entender por qué funcionan y cuáles son realmente fiables.
Especialistas en tecnología de los alimentos, agronomía y fisiología vegetal coinciden en que la maduración de estas frutas produce cambios físicos y químicos que pueden apreciarse desde el exterior. Saber interpretarlos permite aumentar considerablemente las probabilidades de llevar a casa una pieza dulce y jugosa.
La diferencia entre el melón y la sandía que cambia por completo cómo debes comprarlos
Aunque solemos comprarlos juntos y consumirlos de la misma forma, el melón y la sandía presentan una diferencia fundamental que condiciona el momento de la compra.
La sandía es un fruto no climatérico, lo que significa que apenas continúa su proceso de maduración una vez ha sido recolectada. Dicho de otro modo: si se cosecha demasiado pronto, nunca llegará a desarrollar el mismo nivel de dulzor, por mucho tiempo que permanezca en casa. Así lo explican los especialistas de la University of Minnesota Extension, que también recuerdan que el contenido de azúcar prácticamente deja de aumentar tras la recolección.
El caso del melón es algo diferente. Muchas variedades presentan un comportamiento climatérico, es decir, producen etileno y pueden completar parte de su proceso de maduración después de ser cosechadas. Esto afecta sobre todo al aroma y a la textura, mientras que el contenido de azúcares apenas aumenta una vez separado de la planta. Por eso resulta tan importante escoger bien ambas frutas en el momento de la compra.
Golpear la sandía no es un mito: esto es lo que realmente debes escuchar
Uno de los consejos más repetidos consiste en dar unos pequeños golpes a la sandía para escuchar cómo suena. Lejos de ser una superstición, este método tiene una explicación física. La pulpa madura posee una determinada estructura celular y un elevado contenido de agua que modifican la propagación de las vibraciones en el interior del fruto.
Cuando la sandía está en un punto óptimo suele producir un sonido grave, profundo y uniforme. Si el sonido resulta demasiado agudo puede indicar que aún no ha alcanzado su madurez completa. En cambio, un sonido excesivamente apagado puede ser síntoma de sobremaduración o de una pulpa que empieza a perder firmeza.
Eso sí, los especialistas aclaran que este criterio nunca debe utilizarse de forma aislada, sino combinado con otras señales externas.
La mancha amarilla de la sandía puede indicar si la sandía estará dulce
Otro detalle en el que merece la pena fijarse es la llamada mancha de apoyo, la zona amarilla que aparece en uno de los lados de muchas sandías.
Esa marca corresponde al punto donde el fruto permaneció apoyado sobre el suelo mientras crecía. Si la mancha presenta un color amarillo crema o ligeramente dorado suele indicar que la fruta permaneció suficiente tiempo madurando en la planta antes de ser recolectada. En cambio, cuando es casi blanca o muy pálida puede significar que la cosecha fue demasiado temprana.
Esta coloración no constituye ningún defecto comercial. Al contrario, suele ser una buena noticia para el consumidor.
El olor del melón puede decirte si merece la pena comprarlo
En el caso del melón, el olfato sigue siendo uno de los mejores aliados. Las variedades más aromáticas desprenden un perfume dulce y agradable en la zona del pedúnculo cuando han alcanzado un buen estado de maduración. Si apenas huele, probablemente todavía le falte tiempo; si el aroma resulta excesivamente intenso o recuerda a fermentación, puede estar pasado.
También conviene presionar suavemente el extremo opuesto al pedúnculo. Un melón maduro cede muy ligeramente a la presión sin llegar a hundirse. Si permanece completamente duro, aún no ha alcanzado su mejor momento; si está demasiado blando, probablemente haya iniciado un proceso de deterioro.
El aspecto de la piel también aporta información. Dependiendo de la variedad, los colores se vuelven más uniformes y la superficie pierde parte de su brillo conforme avanza la maduración.
Si dudas entre dos piezas, el peso puede ayudarte a decidir
Existe otro criterio muy sencillo que suele pasar desapercibido. Cuando se comparan dos melones o dos sandías de tamaño similar, normalmente conviene elegir el que pesa más.
Ese mayor peso suele indicar un elevado contenido de agua, una pulpa más compacta y una mejor conservación de la jugosidad. No garantiza por sí solo que la fruta sea más dulce, pero sí constituye un buen indicador de calidad. Lo mejor es combinar este criterio con el aspecto exterior y el aroma para aumentar las probabilidades de acertar.
Esto es lo que ocurre cuando dejas una sandía o un melón en la cocina para que maduren
En el caso de pensar en dejar unos días la sandía fuera de la nevera para ver si madura, lo mejor es no hacerlo. Una vez recolectada apenas desarrolla más azúcares, por lo que dejarla varios días sobre la encimera no conseguirá que sea más dulce.
Con algunos melones ocurre algo distinto. Las variedades climatéricas pueden seguir produciendo etileno durante un tiempo, lo que mejora su aroma y suaviza la textura. Por eso es habitual dejar reposar determinadas piezas durante uno o dos días a temperatura ambiente antes de consumirlas.
Incluso algunos especialistas recomiendan colocarlas cerca de frutas que producen etileno de forma natural, como manzanas o plátanos, para favorecer este proceso.
En definitiva, la combinación de varias señales —peso, olor, textura, color y sonido— sigue siendo la mejor estrategia para aumentar las posibilidades de disfrutar de una fruta realmente dulce, jugosa y en su punto justo de maduración.
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