Cuando llega el otoño, los días se acortan, bajan las temperaturas y las ganas de pasar mucho tiempo en la cocina después de trabajar suelen desaparecer. Sin embargo, eso no significa que tengamos que recurrir siempre a un bocadillo, preparar cualquier cosa deprisa o renunciar a una cena completa y apetecible. Con unos pocos ingredientes y algo de imaginación, es posible resolver la última comida del día y disfrutar de un plato lleno de sabor.
Un buen ejemplo es esta receta del chef Pablo Suárez, que se sale totalmente de lo común juntando calabacín, anchoas y queso ricotta en una ensalada templada que es pura fantasía. Lo mejor es que en cinco minutos la tienes lista, sin encender el horno y casi sin ensuciar la cocina. Puedes comerla recién hecha con el calabacín templado o dejar que se atempere un poco antes de servir.
Una cena de otoño diferente, lista en pocos minutos
A veces, asociamos una cena saludable con preparar varios platos, cocinar verduras durante un buen rato o planificar recetas para toda la semana. Pero también hay opciones mucho más sencillas que permiten combinar distintos grupos de alimentos de manera rápida y saludable.
Esta ensalada templada es un buen ejemplo. El único paso que requiere cocinar consiste en dorar el calabacín en una sartén o plancha. Mientras se hace, puedes aprovechar para cortar los tomates secos, picar los pistachos y preparar el resto de los ingredientes.
Después, solo tendrás que montar el plato y aliñarlo. La receta también admite pequeños cambios según lo que tengas en casa. Si no encuentras ricotta, puedes utilizar requesón. Si prefieres una textura más crujiente, basta con ajustar la cantidad de pistachos, y si te gustan los sabores intensos, puedes repartir las anchoas de manera generosa.
Eso sí, hay que tener en cuenta que una ensalada no es automáticamente una cena completa por el simple hecho de llevar verduras. En este caso, el queso y las anchoas aportan proteínas, mientras que el aceite de oliva y los pistachos suman grasas insaturadas. La cantidad que necesites dependerá del hambre que tengas, de las raciones y del resto de tu alimentación. Por eso, si llegas a casa con mucha hambre o quieres convertirla en tu plato único, puedes acompañarla con una rebanada de pan integral o añadir una porción algo mayor de queso. Así tendrás una cena más saciante sin perder la sencillez que hace tan práctica esta receta.
Calabacín, anchoas y ricotta: una combinación que funciona
Lo mejor de este plato es el juego de contrastes: juntas ingredientes que no tienen nada que ver y el resultado es brutal. Por un lado, el calabacín a la plancha queda jugoso y con ese toque doradito tan rico; las anchoas le dan un punto salado potente y la ricotta entra en juego para suavizarlo todo con su textura cremosa.
Para acabar, los tomates secos aportan ese punto intenso y dulzón, y los pistachos le dan el toque crujiente perfecto. Solo necesitas un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y una pizca de pimienta para redondearlo. ¿Qué te queda? Una ensalada templada ligerita (gracias a la base de calabacín), cargada de proteína y que se prepara en un abrir y cerrar de ojos.
La receta de ensalada templada de calabacín, anchoas y ricotta de Pablo Suárez
Si quieres probar esta cena de otoño en casa, toma nota de las cantidades y sigue los pasos. La preparación es súper sencilla y apenas requiere utensilios.
Ingredientes
- 1 calabacín mediano
- 1 lata pequeña de anchoas en aceite de oliva
- 100-125 g de queso ricotta o requesón
- 4-5 tomates secos conservados en aceite de oliva
- 15-20 g de pistachos pelados
- 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Sal
- Pimienta negra
Preparación
- Lava el calabacín, retira los extremos y córtalo en rodajas finas.
- Dora las rodajas en una sartén con una cucharada de aceite de oliva durante 2-3 minutos por cada lado. Añade una pizca de sal.
- Escurre y corta los tomates secos en tiras y pica los pistachos.
- Monta la ensalada: coloca el calabacín templado en una fuente y reparte por encima los tomates secos, las anchoas y pequeñas porciones de ricotta o requesón.
- Añade los pistachos, pimienta negra y las dos cucharadas restantes de aceite de oliva virgen extra. Prueba antes de añadir más sal y sirve la ensalada templada.
El truco para que quede todavía más rica
Controla la temperatura del calabacín antes de añadir el queso, ya que si lo agregas recién salido de la sartén, la ricotta puede ablandarse demasiado y perder parte de su textura. En cambio, si esperas un par de minutos, conservará mejor su consistencia y contrastará con las rodajas templadas.
También es aconsejable reservar los pistachos para el último momento. Así mantendrán su toque crujiente y no absorberán la humedad de la verdura ni del aliño. Con estos pequeños detalles, una combinación de ingredientes cotidianos se convierte en una cena fácil, vistosa y muy sabrosas. Una de esas recetas que merece la pena guardar para los días de otoño en los que queremos comer algo diferente sin complicarse la noche.
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