La reciente visita de Simone Biles a ‘El Hormiguero’ (Antena 3), donde habló de su carrera y de la salud mental, ha vuelto a situarla en el foco mediático. La famosa atleta nacida en Ohio mantuvo una conversación muy distendida con Pablo Motos en la que explicó que continúa en terapia y defendió la importancia de escuchar al propio cuerpo, tanto en la competición como en la vida cotidiana.
Esa misma filosofía es la que aplica a su alimentación diaria, basada en el equilibrio y la flexibilidad. En una entrevista publicada en 2021 por Women’s Health, la gimnasta —que hoy tiene 29 años— dejó claro que no sigue una dieta rígida, sino flexible y adaptada a su exigente rutina.
En el desayuno, por ejemplo, Biles apuesta por opciones simples pero eficaces. La clave, para ella, está en empezar el día con energía suficiente para entrenamientos que pueden superar varias horas. No hay recetas complejas ni superalimentos: la base es funcional y práctica.
El desayuno de Simone Biles: energía sin complicaciones
El desayuno es una de las comidas clave para cualquier deportista de alto rendimiento, y en el caso de Biles, la premisa es clara: empezar el día con energía suficiente para afrontar entrenamientos exigentes.
Según contó en aquella entrevista con Women’s Health, sus elecciones son sencillas: cereales, especialmente con frutas y claras de huevo cuando busca sumar proteína.
Este tipo de desayuno responde a una lógica fisiológica: los hidratos de carbono aportan energía inmediata, mientras que las proteínas ayudan a mantener la masa muscular.
Comida y cena: equilibrio entre proteína y carbohidratos
Tras varias horas de entrenamiento, la alimentación de Biles se orienta a la recuperación. En sus comidas principales suele incluir proteínas magras, verduras y carbohidratos.
Entre los platos que ha mencionado en distintas entrevistas aparecen: pasta con pollo y salmón con arroz y verduras. Estas combinaciones son habituales en su dieta porque permiten reponer energía y favorecer la recuperación muscular.
Desde el punto de vista científico, este patrón coincide con lo que recomiendan organismos como el American College of Sports Medicine, que destaca la importancia de combinar carbohidratos y proteínas tras el ejercicio para optimizar el rendimiento.
Lo interesante es que Biles no sigue un menú fijo: adapta sus comidas según la intensidad del entrenamiento y sus sensaciones físicas.
Snacks y caprichos: la clave está en la moderación
Uno de los aspectos más llamativos de la dieta de Simone Biles es que no elimina los alimentos considerados “caprichos”. De hecho, los integra de forma natural en su día a día. Entre sus snacks habituales se encuentran las uvas y los plátanos, los muffins de plátano, los pretzels y las palomitas e incluso combinaciones dulces como pretzels con crema de cacao
Estos hábitos reflejan un cambio importante en la nutrición deportiva: demuestran que la restricción absoluta no es necesaria para rendir al máximo y que una relación flexible con la comida puede mejorar la adherencia a largo plazo y reducir el riesgo de trastornos alimentarios en deportistas.
La pizza también entra en su dieta
Si hay un alimento que sorprende en la dieta de Biles es la pizza. La gimnasta ha reconocido en varias entrevistas que es uno de sus favoritos y que no duda en incluirlo en su alimentación.
Lejos de ser una excepción, este tipo de elecciones forman parte de un enfoque más amplio: evitar la culpa asociada a la comida. Según especialistas en nutrición deportiva, permitir ciertos alimentos placenteros puede contribuir al bienestar psicológico y evitar conductas restrictivas.
En este sentido, la dieta de Biles encaja con una tendencia actual que apuesta por la flexibilidad y el equilibrio, frente a modelos rígidos que pueden resultar insostenibles.
Una alimentación que también cuida la salud mental
La propia Simone Biles ha insistido en varias ocasiones en la importancia de la salud mental en el deporte de élite, un tema que volvió a mencionar tras su paso por televisión española.
Su forma de alimentarse está alineada con esa idea: no hay obsesión por el control extremo, sino una búsqueda de equilibrio. Comer bien no significa comer perfecto, sino mantener hábitos que sean compatibles con el rendimiento y el bienestar.
Este enfoque es cada vez más respaldado por expertos, que subrayan que la nutrición no debe separarse del contexto emocional y psicológico del deportista.
La alimentación de esta deportista de élite desmonta muchos mitos. No hay una dieta única ni estricta, sino un conjunto de hábitos adaptados a su cuerpo y a su rutina.
Las claves principales son priorizar alimentos que aporten energía y recuperación, mantener el equilibrio entre nutrientes, evitar restricciones innecesarias y, sobre todo, escuchar al cuerpo. El modelo resulta aplicable a cualquier persona que busque mejorar su alimentación sin caer en la rigidez.
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