¿Te ha pasado alguna vez que llevas muchas horas sin comer y no consigues concentrarte? ¿O que te has levantado con la hora justa, no te ha dado tiempo a desayunar y luego en el trabajo no has rendido como de costumbre? Son experiencias cotidianas que casi todos hemos vivido y que la ciencia nunca había terminado de explicar del todo.
Ahora, un equipo de investigadores franceses ha publicado en la revista Nature un estudio que ayuda a entender por qué ocurre esto: han descubierto que el cerebro necesita que comas azúcar para poner en marcha el proceso que le permite guardar tus recuerdos. Sin esa señal, todo lo que aprendes se pierde.
La investigación se ha llevado a cabo con moscas de la fruta, un animal que se utiliza de forma habitual en este tipo de trabajos porque su cerebro, aunque es muy sencillo, guarda similitudes con otros mucho más complejos, incluido el cerebro humano.
Sin glucosa no hay memoria: así afecta el azúcar al cerebro
Para entender lo que significa realmente esta investigación, tenemos que partir de un dato muy relevante: el cerebro es, con diferencia, el órgano del cuerpo humano que más energía consume. Y es algo sorprendente, porque aunque solo representa el 2% de nuestro peso corporal, gasta entre el 20 y el 25% de toda la glucosa que ingerimos a diario.
¿Y qué es la glucosa? Es un tipo de azúcar que el cuerpo obtiene de los alimentos que contienen hidratos de carbono, como la pasta, el pan, la fruta, las legumbres o el arroz. Es, por decirlo de forma sencilla, la gasolina que hace posible que funcionen tus neuronas.
Cuando los músculos de las piernas o de los brazos necesitan más energía, pueden recurrir a las grasas y a otro tipo de reservas que el cuerpo tiene almacenadas. El cerebro, en cambio, no puede hacer eso. Solo funciona con la glucosa que le llega a través de la sangre, y por eso es tan importante comer de forma regular a lo largo del día. Y eso explica que cuando te saltas las comidas, por ejemplo, el desayuno o la comida de mediodía, te cueste pensar con claridad, tienes más nervios, te falle la concentración o te resulte más complicado recordar cosas. Todo eso sucede porque tu cerebro no tiene el combustible que necesita para funcionar con normalidad.
El experimento que demuestra que el azúcar es clave para la memoria
La investigación, dirigida por los investigadores Thomas Preat y Pierre-Yves Plaçais del Laboratorio de Plasticidad Cerebral de París, se centró en el análisis de un grupo muy pequeño de neuronas de la mosca de la fruta que tienen una función concreta: detectar la presencia de fructosa. Los científicos ya sabían que dichas neuronas solo se activan cuando la mosca tiene hambre, pero lo que nadie esperaba fue el resultado que se obtuvo después de someter a las moscas a un proceso de aprendizaje.
El ejercicio consistía en que cada vez que la mosca olía un olor concreto recibía una pequeña descarga eléctrica. Después de repetirlo varias veces con algunas pausas, las moscas aprendieron a evitar el olor que asociaban con la descarga. Cuando acabó el entrenamiento, los investigadores se dieron cuenta de que las moscas que habían comido azúcar después del ejercicio seguían recordando, días después, aquel olor que identificaban como una señal de peligro. Las que no comieron azúcar, en cambio, lo olvidaron en pocas horas y dejaron de evitarlo. Es decir, el cerebro de la mosca necesitó recibir azúcar justo después de aprender para poder guardar ese recuerdo.
La razón por la que necesitas azúcar tras aprender algo nuevo: tu memoria lo exige
Y el hallazgo no se queda ahí. Los investigadores también observaron que después del entrenamiento, todas las moscas que habían pasado por el proceso de aprendizaje empezaban a buscar y preferir alimentos dulces, como si de repente tuvieran hambre a pesar de estar bien alimentadas.
Este comportamiento llamó mucho la atención de los autores del trabajo, porque es algo que la ciencia también tiene documentado en los seres humanos: cuando realizamos trabajos intelectuales o tareas que exigen mucha concentración, como preparar un examen, resolver un problema complejo en el trabajo o pasar horas estudiando un tema nuevo, tendemos a comer más y, en particular, a buscar alimentos dulces. Lo que no se sabía hasta ahora es por qué ocurre.
Gracias a esta investigación, realizada con moscas de la fruta, tenemos por primera vez una posible explicación biológica que podría ser común a diferentes especies: el esfuerzo de aprender activa en el cerebro un mecanismo que pide azúcar, no porque tengamos hambre, sino porque lo necesita para poder guardar en la memoria aquello que estamos aprendiendo.
Cómo alimentar tu cerebro para potenciar la memoria y el aprendizaje (sin abusar del azúcar)
Esta investigación no afirma que debamos comer más azúcar. De hecho, hay una cantidad sobrada de estudios clínicos que demuestran que el consumo excesivo de azúcar está asociado a un mayor riesgo de sufrir deterioro cognitivo y a muchos de los problemas que la memoria sufre a largo plazo. Lo que sí nos dice es algo mucho más sencillo y útil: el cerebro necesita recibir glucosa de forma regular para funcionar bien, y la forma más saludable de hacerlo es a través de una alimentación equilibrada, como es el caso de la dieta mediterránea.
Y el hallazgo también nos está diciendo otra cosa importante: no debemos saltarnos las comidas, especialmente si tenemos por delante una jornada de trabajo intenso. Tampoco da igual lo que comamos. Los carbohidratos complejos, como los que se encuentran en la fruta, los cereales integrales, las legumbres o las verduras, liberan glucosa de forma gradual y sostenida, que es precisamente lo que el cerebro necesita. Los azúcares simples, como los de la bollería industrial o los refrescos ultraprocesados, hacen justo lo contrario: le dan al cerebro mucha energía de golpe, pero esa energía se agota enseguida y al poco rato aparecen el agotamiento y la falta de concentración.
Y hay otro dato interesante que se desprende del trabajo de estos investigadores franceses: estudiar haciendo pausas es mejor que intentar memorizar todo de golpe. Las moscas que aprendieron con pequeños descansos entre sesión y sesión y que además comieron azúcar después del entrenamiento fueron las que consolidaron mejor sus recuerdos.
Es el mismo principio que los profesores llevan recomendando durante años, pero que ahora tiene una base biológica detrás que lo respalda. Así que la próxima vez que te sientes a estudiar algo, mejor planifícalo en el tiempo con sesiones que tengan pequeños descansos entre ellas. Y procura no hacerlo en ayunas, porque como hemos visto, tu cerebro va a necesitar glucosa para poder guardar en la memoria lo que estás aprendiendo.
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