Hay recetas que nos acompañan desde siempre y que, con solo olerlas, nos transportan a la cocina familiar. La crema de calabacín es una de ellas: sencilla, nutritiva y con ese sabor casero que reconforta en cualquier momento del día. Prepararla es una forma de volver a lo esencial, de disfrutar de los ingredientes frescos y de recordar cómo nuestras abuelas transformaban lo cotidiano en un plato lleno de cariño.
Su textura suave y su sabor delicado la convierten en una opción perfecta tanto para comidas reconfortantes como para cenas ligeras. Además, es una receta versátil que admite pequeñas variaciones según los gustos o lo que tengamos en casa. Es ideal para cuidar la alimentación sin renunciar al placer de comer bien.
Corta la cebolla en dados. Para hacerlo, coloca la cebolla sobre la tabla y pártela por la mitad a lo largo. Retira los extremos y la capa exterior seca. Coloca una mitad con la parte plana hacia abajo para que quede estable. Haz cortes longitudinales paralelos desde la raíz hacia el extremo, sin llegar a cortar del todo la raíz, ya que esto mantiene la cebolla unida. Luego, realiza cortes transversales para obtener cubos medianos. No es necesario que los cortes sean perfectos porque al final se licuará.
Corta también los calabacines, es decir, retira los extremos y haz rodajas. Si prefieres, puedes pelarlos, aunque la piel se integra perfectamente al licuar, además, aporta color.
Calienta un buen chorro de aceite en una olla amplia y sofríe la cebolla picada. Si quieres un sabor más profundo, añade unas rodajas de puerro.
Cocina hasta que la cebolla esté suave y translúcida, luego incorpora el calabacín y remueve unos minutos hasta que empiece a ablandarse.
Sazona agregando el ajo finamente picado o, si lo prefieres, ajo molido, en polvo o en escamas y las especias que son la sal, la pimienta molida y hierbas aromáticas como albahaca ya sea fresca o seca.
Incorpora la patata previamente pelada y cortada en cubos pequeños. Remueve bien para que se integre con el resto de los ingredientes.
Vierte caldo caliente hasta cubrir. Puede ser de pollo, de carne o de vegetales, según tu preferencia. Tapa la olla y deja hervir hasta que la patata esté tierna, lo que suele tardar unos 10 minutos aproximadamente.
Cuando todos los ingredientes estén bien cocidos y suaves, pásalos con cuidado a una licuadora o utiliza un procesador de mano directamente en la olla. Añade queso crema y tritura hasta obtener una textura aterciopelada y homogénea.
Prueba la crema obtenida y rectifica la sazón antes de servir.
Presenta la crema en tazones hondos, decorando con un hilo de aceite de oliva, unas rodajas muy finas de calabacín salteadas y, si lo deseas, un poco de queso parmesano rallado por encima. ¡Buen provecho!
Si te ha gustado la receta de Crema de calabacín de la abuela: cremosa, ligera y perfecta para cuidar tu alimentación, te sugerimos que entres en nuestra categoría de Recetas de cremas.
Para conseguir una crema de calabacín llena de matices es fundamental utilizar un caldo sabroso. Los caldos de carne suelen aportar más intensidad y cuerpo, aunque un buen caldo de verduras cumple perfectamente la misma función y realza el sabor fresco del calabacín. También conviene sazonar con ajo y hierbas aromáticas que aportan un toque fragante.
La textura cremosa se logra licuando hasta obtener una mezcla homogénea y sin grumos. El queso crema añade suavidad y untuosidad, mientras que la patata, gracias a su almidón natural, espesa la preparación y le da una consistencia aterciopelada. No es necesario usar grandes cantidades: basta con una patata mediana para que la crema quede equilibrada y ligera, sin volverse pesada.
Valor nutricional
(por comensal)
- Calorías: 112,5 kcal
- Proteínas: 3,8 g
- Grasas: 7,5 g
- Carbohidratos: 1 g
- Fibra: 2,5 g