Si te gustan las croquetas, pero quieres salir de las clásicas de jamón, esta versión con setas te va a sorprender. Crujientes por fuera, cremosas por dentro y con todo el sabor y la textura de las setas, son una opción perfecta para servir como aperitivo, entrante o incluso como guarnición del plato principal.
Además, su relleno suave y lleno de matices las convierte en un bocado irresistible para los amantes de los sabores del bosque. Prepararlas en casa es más sencillo de lo que parece y te permite aprovechar las setas de temporada para darles un toque especial. Con una buena bechamel, un rebozado dorado y una fritura en su punto, conseguirás unas croquetas sabrosas que gustarán a toda la familia. Puedes utilizar champiñones, setas de ostra o una mezcla de variedades para aportar diferentes aromas y texturas. ¡Vamos con el paso a paso!
Empieza cortando las setas y las cebollas finamente. Puedes elegir las variedades que más te gusten, desde champiñones blancos o cremini, fáciles de encontrar y con muy buen resultado, hasta setas de ostra, portobello o shiitake. Si utilizas setas deshidratadas, recuerda rehidratarlas previamente en agua caliente. Para picarlas, córtalas primero en láminas, después en tiras finas y, por último, pícalas de forma transversal hasta obtener trozos pequeños.
En una olla profunda, coloca la mantequilla y deja que se derrita. Agrega la cebolla picada y remueve durante un par de minutos, dejando que se sofría hasta que esté suave y translúcida.
Incorpora las setas picadas y cocínalas también durante unos minutos. En este momento puedes sazonarlas con una pizca de sal para potenciar su sabor.
Añade la harina de una sola vez y remueve bien para que se integre completamente con la mantequilla y los vegetales.
Vierte la leche poco a poco mientras remueves constantemente. Esto ayudará a disolver gradualmente la mezcla de harina y mantequilla, formando una masa cremosa y sin grumos. Cocina la preparación durante unos minutos más hasta que hierva suavemente y la harina se cocine por completo. Sazona al gusto y, antes de terminar, puedes agregar las hierbas aromáticas que prefieras.
Retira la preparación del fuego y vuélcala en un recipiente amplio para que se enfríe más rápido. Cubre la superficie con papel film en contacto directo con la masa para evitar que se forme una costra y refrigera, de preferencia, durante toda la noche para que adquiera una consistencia firme.
Antes de dar forma a las croquetas, prepara tres recipientes diferentes con harina, huevo batido y pan rallado. Cuando tengas todo listo, retira porciones de la masa y forma bolitas o cilindros, según prefieras.
Pásalas una por una por la harina, asegurándote de que queden bien cubiertas. Sacúdelas ligeramente para retirar el exceso.
Luego pásalas por el huevo batido, cubriéndolas por completo y dejando escurrir el excedente.
Fríelas en una olla profunda con abundante aceite. Asegúrate de que alcance una temperatura aproximada de 180 °C antes de comenzar. Sumerge cuidadosamente las croquetas una a una y deja que se doren de manera uniforme. Si dispones de poca cantidad de aceite, puedes inclinar con cuidado la olla para que queden completamente cubiertas. Además, evita freír demasiadas croquetas al mismo tiempo, ya que esto hará que la temperatura del aceite descienda y las croquetas absorban más grasa.
Una vez doradas, retíralas del aceite y déjalas escurrir sobre papel absorbente. Sírvelas inmediatamente para disfrutar de su exterior crujiente y su interior cremoso.
Si te ha gustado la receta de Croquetas de setas: fáciles de hacer y con un relleno muy cremoso, te sugerimos que entres en nuestra categoría de Recetas de croquetas. También puedes visitar una selección de las mejores recetas españolas.
Si quieres adelantar trabajo y disfrutar de croquetas caseras en cualquier momento, puedes congelarlas una vez empanizadas. Colócalas sobre una bandeja o plato, separadas entre sí para que no se peguen, y llévalas al congelador durante unas horas hasta que estén firmes.
Una vez congeladas, guárdalas en bolsas o recipientes herméticos. De esta forma permanecerán separadas y podrás retirar solo la cantidad necesaria en cada ocasión, tal como las encuentras listas para freír en la sección de congelados de los supermercados.
Cuando quieras cocinarlas, no es necesario descongelarlas previamente. Simplemente fríelas directamente desde el congelador en aceite caliente, añadiendo uno o dos minutos más al tiempo de cocción habitual para que se calienten por completo en el interior.
Valor nutricional
(por unidad)
- Calorías: 112,5 kcal
- Proteínas: 3,7 g
- Grasas: 5,6 g
- Carbohidratos: 11,9 g
- Fibra: 0,7 g