Con la llegada de la Semana Santa, las cocinas andaluzas se llenan de aromas dulces y recetas de toda la vida que forman parte de la tradición. Entre ellas, los pestiños ocupan un lugar especial: un bocado crujiente y aromático que no puede faltar en estas fechas tan señaladas, donde la repostería casera cobra todo el protagonismo.
Tradicionales en Andalucía y muy presentes durante la Semana Santa —y también en Navidad—, los pestiños se elaboran con una masa sencilla aromatizada de anís, que se fríe hasta quedar dorada y crujiente, para luego bañarse en miel o cubrirse con azúcar. Un dulce humilde, lleno de historia y sabor, que sigue conquistando generación tras generación.
Calienta el aceite de oliva con el anís para aromatizarlo y, cuando se enfríe, colócalo en un bol junto con el resto de los ingredientes: el vino blanco y la harina.
Mezcla bien; puedes usar una espátula de goma al principio hasta que todo se integre y luego continuar con las manos para amasar hasta obtener una masa homogénea.
Estira la masa sobre una mesa ligeramente enharinada, espolvorea un poco más de harina por encima y comienza a estirar con un rodillo hasta dejarla fina con el grosor de una moneda.
Corta la masa en círculos con un cuchillo o utiliza un cortador circular de 6 a 8 cm de diámetro.
Dobla dos puntas opuestas hacia el centro y, si no se adhieren bien, humedece ligeramente con unas gotas de agua.
Fríe los pestiños inmediatamente en abundante aceite caliente. Cuando estén ligeramente dorados por ambos lados, retíralos con cuidado y deja que escurran sobre una bandeja con papel absorbente.
Pasa los pestiños fritos por una bandeja con azúcar granulada y cúbrelos bien por ambos lados.
Sirve estos pestiños andaluces tan deliciosos y ¡a disfrutar!
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El secreto está en freírlos en abundante aceite caliente. Puedes usar una olla pequeña si prefieres hacer una cantidad reducida o no quieres desperdiciar tanto aceite, pero debe haber suficiente como para cubrir por completo cada pestiño. Cuanto más aceite haya, menos absorberán.
También es importante que la temperatura del aceite esté alrededor de 175 °C. A esa temperatura se fríen rápido, quedan bien hechos y dorados, y no permanecen demasiado tiempo en el aceite, evitando así que lo absorban en exceso.
Valor nutricional
(por unidad)
- Calorías: 33,7 kcal
- Proteínas: 0,3 g
- Grasas: 2,3 g
- Carbohidratos: 2,7 g
- Fibra: 0,1 g