Receta de Pollo a la parmesana: crujiente por fuera, jugoso por dentro y con mucho queso fundido
El pollo a la parmesana es una receta que combina lo mejor de la cocina italiana y estadounidense. Su origen se remonta a los inmigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos y adaptaron la tradicional berenjena a la parmesana utilizando pollo, un ingrediente más accesible en su nuevo hogar.
Con el tiempo se convirtió en una receta infalible y un plato que gusta a todos. Se prepara con filetes tiernos de pollo envueltos en una corteza crujiente con extra de sabor a queso parmesano, lo que lo diferencia de una clásica milanesa. Para terminar, una capa de salsa de tomate y encima queso fundido.
- 4 pechugas de pollo deshuesadas y sin piel s
- 3 huevos s
- 100 gramos de harina s
- 150 gramos de pan molido s
- 80 gramos de queso parmesano rallado s
- 1 cucharada sopera de ajo en polvo s
- ½ cucharadita de orégano seco s
- Sal al gusto s
- Aceite para freír c/n s
- Queso parmesano y mozzarella para derretir c/n s
- Para la salsa de tomate: s
- 2 tomates s
- 2 dientes de ajo picado finamente s
- 2 hojas de laurel s
- Sal al gusto s
- Aceite de oliva c/n s
Para la salsa de tomate, empieza vertiendo en una olla el aceite de oliva y dora el ajo finamente picado. Cuando se vea dorado, añade el tomate también picado en pequeños trozos, incorpora un par de hojas de laurel y deja que se cocine durante unos 15 minutos aproximadamente, hasta obtener una salsa espesa. Retira las hojas de laurel y añade sal al gusto. Reserva.
Para los filetes de pollo, corta la pechuga en filetes. Puedes dividir una pechuga por la mitad como si fuera un pan; si está muy gruesa, corta primero en dos piezas y luego vuelve a dividir cada una de forma horizontal. Salpimienta bien y reserva.
Aparte, prepara una bandeja con harina, otra bandeja o bol con huevos batidos y una pizca de sal, y una tercera bandeja con pan molido, queso parmesano rallado, ajo molido, una cucharadita de sal y orégano seco.
Pasa cada filete de pollo primero por la bandeja con harina, dándole la vuelta hasta que quede bien enharinado y luego sacude el exceso.
Sumerge los filetes en el bol de huevo, asegurándote de que queden bien cubiertos.
Con cuidado, levanta cada filete y pásalo por la bandeja con pan rallado. Empaniza bien y presiona con la palma de la mano para que el rebozado quede bien adherido. Luego sacude suavemente para retirar el exceso.
Fríe las milanesas en una sartén con abundante aceite caliente, dándoles la vuelta para que se doren bien por ambos lados. Retíralas de la sartén y escúrrelas.
Coloca queso parmesano rallado y mozzarella encima y deja que se derritan. Si prefieres, puedes cubrir la sartén con tapa o llevarlas al horno para que el queso termine de fundirse.
Sirve inmediatamente colocando en la base la salsa de tomate, encima el pollo a la parmesana y decora con orégano molido. ¡Buen provecho!
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El secreto de un buen rebozado está en la unión perfecta entre el pollo y la cobertura. Para conseguirlo, es importante secar bien los filetes antes de pasarlos por harina, ya que la humedad impide que el empanizado se adhiera. La harina crea una primera capa que ayuda a que el huevo se fije mejor, y este, a su vez, actúa como puente hacia el pan rallado mezclado con parmesano.
Al freír, el calor sella rápidamente la superficie y forma una costra dorada y firme que no se desprende. El resultado es un exterior crujiente y lleno de sabor, que se mantiene intacto incluso al cubrirlo con la salsa y el queso.
Valor nutricional
(por comensal)
- Calorías: 0,5 ,400 kcal
- Proteínas: 45 g
- Grasas: 3 g
- Carbohidratos: 3 g
- Fibra: 2 g