Los maestros cerveceros coinciden: “Servir la cerveza en un vaso congelado altera la espuma y puede cambiar su sabor”
Con la llegada del calor, pocas cosas apetecen más que sentarse en una terraza y pedir una cerveza bien fría. De hecho, en muchos bares es habitual que llegue a la mesa en un vaso o una jarra recién sacados del congelador, una imagen que para muchos es sinónimo de frescura. Sin embargo, los maestros cerveceros llevan tiempo advirtiendo de que este gesto, tan extendido en España, no permite apreciar la cerveza en las mejores condiciones.
Aunque pueda parecer que el frío extremo mejora la experiencia, en realidad puede alterar la espuma, esconder parte de los aromas y modificar el sabor de la cerveza. Incluso el hielo que se forma en el vaso puede acabar derritiéndose y diluyendo ligeramente la bebida. Por eso, los expertos defienden que, para apreciar todas sus cualidades, lo ideal no es servirla en un vaso congelado y respetar la temperatura adecuada para cada estilo de cerveza.
El vaso congelado no mejora la cerveza, sino que altera su equilibrio y sabor
Varios maestros cerveceros coinciden en que esa costumbre tan “española” de pedir que nos sirvan una cerveza bien fría en una copa recién salida el congelador está muy lejos de ser la mejor forma de disfrutar del gran sabor de esta bebida.
Uno de los más claros es Javier Soriano, maestro cervecero y Beer Sommelier de Fundación Cruzcampo, quien reconoce que es “totalmente enemigo” del vaso congelado. Según explica en el ABC, “con el vaso congelado tenemos una ruptura de temperatura con el punto de frío que trae la cerveza”, una diferencia térmica que provoca un exceso de espuma desde el primer momento del servicio.
Per más allá de la espuma, esa brusca bajada de temperatura modifica también el sabor original de la bebida. El frío extremo reduce la volatilidad de los compuestos aromáticos responsables del olor y hace que muchos matices pasen desapercibidos al tomarla. Por eso, aunque la cerveza parezca más refrescante durante los primeros tragos, también resulta menos expresiva en boca. Diversos especialistas en análisis sensorial coinciden en que cada tipo de cerveza tiene una temperatura óptima de consumo precisamente para que aromas, sabor y textura se encuentren en equilibrio.
La alternativa que sí recomiendan: un vaso refrigerado y limpio
Ahora bien, que servir la cerveza en un vaso congelado no sea recomendable por los expertos, no significa que deba servirse siempre a temperatura ambiente.
Soriano diferencia claramente entre ambas situaciones y asegura que él sí es partidario de usar un vaso refrigerado. En concreto, explica que debe mantenerse en un armario específico para vasos de cerveza y que no debe compartir espacio con otros alimentos o bebida, ya que de lo contrario podría absorber los olores presentes en el ambiente. Por ejemplo, si el vaso permanece junto a pescado, embutidos u otros alimentos en un congelador, esos aromas pueden acabar arruinando nuestra experiencia al beber.
Por esta razón, muchos profesionales aconsejan enjuagar con agua fría el vaso en el que se vaya a servir la cerveza. Así, además de eliminar posibles restos de polvo o detergente, se refresca ligeramente el cristal sin llegar a formar escarcha.
Miguel Sánchez, creador de contenido especializado en cerveza y conocido en redes como @cervecero_miguel, también insiste en este punto y recuerda que “mojar la copa para quitar posibles restos de jabón y de polvo” debería ser el primer paso antes de tirar una caña.
La espuma protege la cerveza y mejora su sabor
Otro de los errores más habituales es pensar que una cerveza con mucha espuma está mal servida. Sin embargo, los maestros cerveceros discrepan de esta idea y sostienen justo lo contrario. Soriano explica que “la espuma es la tapadera”, ya que actúa como una barrera natural que ayuda a conservar el dióxido de carbono y dificulta el contacto del oxígeno con la cerveza, retrasando así su oxidación.
Además, esa espuma ayuda a mantener los aromas intactos y modifica la sensación en boca, haciendo que el trago sea más cremoso y equilibrado. Para conseguirla correctamente, el experto recomienda comenzar el servicio con el vaso inclinado unos 45 grados y terminarlo completamente vertical, de forma que se genere una corona estable de aproximadamente tres dedos.
Por su parte, Miguel Sánchez también defiende la importancia de esa capa superior y asegura que debe existir “para dar sabor a la cerveza, para darle textura, mejorar el trago y que sea 100 % completa la experiencia”. En cambio, cuando el vaso está cubierto de escarcha, la formación de espuma suele ser irregular y mucho menos estable.
La temperatura ideal depende del tipo de cerveza, según los expertos
Pensar que todas las cervezas deben servirse prácticamente congeladas es una equivocación. En realidad, la temperatura adecuada depende del estilo. Las lager ligeras suelen disfrutarse entre los 2 y los 5 ºC, mientras que variedades con mayor cuerpo y graduación, como muchas ales, cervezas de abadía o stouts, desarrollan mejor sus aromas a temperaturas bastante más altas, normalmente entre 6 y 12 ºC.
En el caso de Cruzcampo, Soriano explica que “es recomendable que esté entre dos y cuatro grados”, un rango pensado para potenciar el perfil fresco propio de esta cerveza lager. Cuando el frío es excesivo ocurre el efecto contrario, y es que el amargor puede parecer menos intenso, pero también desaparecen numerosos matices aromáticos y gustativos que forman parte de la personalidad de la cerveza.
Por ello, en países con una gran tradición cervecera como Alemania, Bélgica o Reino Unido apenas existe la costumbre de servir las copas congeladas, ya que el objetivo es disfrutar plenamente de las características de cada estilo.
Por qué una cerveza nos sabe mejor en unos bares que en otros
Aunque el producto sea exactamente el mismo, muchas personas tienen la sensación de que determinadas cervezas de barril saben mejor según el establecimiento. Para Soriano, la explicación está en un factor que muchas veces pasa desapercibido: la rotación.
Como destaca el maestro cervecero, “la rotación es súper importante”. Cuando un barril se consume rápidamente, la cerveza permanece menos tiempo en las tuberías y mantiene mejor su frescura. El experto recuerda además que “el 90% de la cerveza es agua”, por lo que una instalación con poco movimiento puede acabar afectando al resultado final si el producto permanece demasiado tiempo sin renovarse.
A ello se suman otros aspectos igualmente importantes, como una limpieza periódica de los conductos de servicio y una correcta regulación de la presión del grifo. Todos estos factores influyen en que la cerveza conserve su carbonatación, su espuma y su sabor originales.
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