José Luis Caro, frutero: “Para que los plátanos no se pongan negros enseguida, no uses el frutero; mejor un táper en la nevera”
Comprar un racimo de plátanos y descubrir poco después que varios están demasiado maduros es una situación habitual. Esta fruta continúa madurando después de la cosecha y su evolución puede ser especialmente rápida cuando se mantiene a temperatura ambiente.
José Luis Caro, frutero de segunda generación y responsable de The Fruits of the World, una frutería situada en Pozuelo de Alarcón (Madrid), en su vídeo publicado en redes sociales nos propone cambiar por completo el lugar donde solemos guardar los plátanos.
“Para que los plátanos no se pongan negros enseguida, no uses el frutero; mejor un táper en la nevera”, explica el especialista. Pero su método no consiste simplemente en meter el racimo en el frigorífico: recomienda preparar previamente los plátanos y almacenarlos de una manera determinada.
Según muestra en sus redes sociales, con este sistema pueden mantenerse en buenas condiciones durante 7 u 8 días, aunque el resultado dependerá también del grado de madurez inicial de la fruta y de las condiciones de refrigeración.
Por qué los plátanos se ponen negros tan rápido
Para entender el truco primero hay que conocer una particularidad del plátano. Se trata de una fruta climatérica, es decir, continúa madurando después de haber sido recolectada.
Durante este proceso se producen numerosos cambios. Parte del almidón se transforma en azúcares, la pulpa pierde firmeza y aumenta el dulzor característico del plátano maduro. Por eso un ejemplar todavía verdoso presenta una textura y un sabor muy diferentes de otro cubierto de pequeñas manchas marrones.
El etileno también desempeña un papel fundamental. Es una hormona vegetal gaseosa relacionada con la maduración y producida por frutas climatéricas como plátanos, manzanas, aguacates o tomates. Su presencia favorece los procesos asociados a la maduración.
Esto explica por qué almacenar determinadas frutas juntas puede hacer que algunas evolucionen más deprisa. Si queremos que un plátano todavía verde madure rápidamente, por ejemplo, puede aprovecharse precisamente este fenómeno colocándolo cerca de otras frutas productoras de etileno.
El frío, por su parte, reduce muchos procesos metabólicos y puede ralentizar la evolución del fruto. Pero existe un matiz importante: los plátanos son sensibles a temperaturas excesivamente bajas y pueden sufrir daños por frío, entre cuyos síntomas se encuentra precisamente el oscurecimiento de la piel. Por tanto, que la cáscara se oscurezca no significa necesariamente que la pulpa se haya estropeado.
El truco del táper para que los plátanos duren hasta 7 u 8 días
El procedimiento de José Luis Caro empieza separando o preparando los plátanos antes de meterlos en la nevera. El frutero recomienda cortar sus extremos y colocarlos dentro de un táper.
En el fondo del recipiente introduce papel absorbente, que ayuda a controlar la humedad que pueda acumularse en su interior. Después coloca los plátanos y cierra el recipiente. Si el táper utilizado no dispone de tapa, propone cubrirlo cuidadosamente con papel film.
Una vez preparado, el recipiente se guarda en la nevera. Caro, en otro vídeo, muestra posteriormente el resultado y asegura que los plátanos pueden conservarse durante 7 u 8 días en buenas condiciones, madurando de forma más controlada.
Conviene tener en cuenta que no todos los plátanos parten del mismo punto. Guardar una fruta todavía firme y amarilla no dará necesariamente el mismo resultado que refrigerar otra que ya presenta algunas manchas oscuras y una pulpa blanda.
Tampoco debemos interpretar cualquier cambio de color de la piel como señal inequívoca de que el interior ya no puede consumirse. En refrigeración, la cáscara puede oscurecerse antes de que la pulpa pierda sus cualidades.
Dónde guardar los plátanos según estén verdes, maduros o muy maduros
La mejor opción depende fundamentalmente de cuándo queramos comerlos. Si están verdes y queremos que terminen de madurar, dejarlos a temperatura ambiente resulta más apropiado que refrigerarlos inmediatamente.
Una vez alcanzado el punto de maduración deseado, el frío puede utilizarse para ralentizar los cambios posteriores. Aquí es donde encaja el sistema propuesto por Caro con el táper, el papel absorbente y la refrigeración.
Existe una tercera posibilidad cuando sabemos que no podremos consumir los plátanos a tiempo: congelarlos. En ese caso, lo más práctico es retirar la piel, cortar la pulpa en trozos y guardarlos en un recipiente o bolsa adecuada para congelación.
Estos trozos pueden aprovecharse posteriormente para preparar batidos, helados caseros, smoothies, bizcochos, tortitas o panes de plátano. De hecho, los ejemplares muy maduros resultan especialmente útiles en repostería por su textura blanda y su mayor dulzor.
La clave, por tanto, no consiste en tirar automáticamente un plátano porque hayan aparecido manchas marrones. Si la pulpa sigue en buenas condiciones, todavía tiene numerosos usos culinarios. Y si queremos retrasar ese momento, el método de José Luis Caro ofrece una alternativa al clásico frutero que merece probarse en casa.
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