Receta de Tarta de queso y fresas sin horno: un postre fácil, delicioso y refrescante
Hay postres que no necesitan ser complicados para enamorar, y esta tarta de fresas y queso sin horno es el mejor ejemplo. Fresca, suave y con ese sabor casero que recuerda a los postres de siempre, cada cucharada combina la dulzura natural de las fresas con una crema ligera y cremosa que resulta irresistible.
La base crujiente de galletas aporta el contraste perfecto a la suavidad del queso crema, mientras que las fresas llenan la tarta de frescura, color y un sabor delicado que la hace aún más especial. Además, al no necesitar horno, es una receta muy fácil de preparar, ideal para cuando apetece un postre rico y bonito sin liarse demasiado en la cocina.
- Para la base: s
- 150 galletas de vainilla s
- 70 mantequilla s
- Para la crema fresas y queso: s
- 280 gramos de fresas frescas o congeladas s
- 100 gramos de azúcar (½ taza) s
- 400 granos de queso crema s
- 400 mililitros de crema de leche (2 tazas) s
- 10 gramos de gelatina neutra en polvo s
- 60 mililitros de agua fría para hidratar la gelatina s
Para comenzar, prepara la base de galleta. Coloca las galletas de vainilla dentro de una bolsa hermética y aplástalas con un rodillo hasta que queden finamente trituradas; o si prefieres, puedes usar un procesador de alimentos para hacerlo más rápido.
Derrite la mantequilla y viértela sobre las galletas pulverizadas, mezcla bien hasta obtener una masa uniforme.
Vierte esta mezcla en un molde desmontable de unos 18 cm de diámetro o utiliza un aro forrado con papel film. Coloca un disco de papel manteca o vegetal en la base para facilitar el desmolde y presiona con firmeza usando el dorso de una cuchara, los nudillos o un prensador de repostería, y lleva la base a la nevera para que se endurezca.
Para preparar la crema de fresa, hidrata la gelatina neutra en polvo. Para hacerlo, vierte agua sobre la gelatina y remueve suavemente; deja reposar unos diez minutos hasta que se hinche y esté lista para usar.
Coloca las fresas picadas (pueden ser congeladas o frescas) en una olla pequeña junto con el azúcar. Si usas fresas frescas, añade un poco de agua para evitar que se quemen. Cocina a fuego medio para que las frutas se deshagan y liberen su jugo hasta formar poco a poco una compota.
Incorpora el queso crema y la crema de leche. Remueve bien y mantén la mezcla en el fuego solo hasta que se derrita el queso crema, evitando que hierva. Retira inmediatamente cuando los ingredientes se hayan integrado en una crema homogénea.
Añade la gelatina hidratada y mezcla bien; notarás que se disuelve rápidamente con el calor residual. Luego, deja reposar hasta que la preparación baje a temperatura ambiente.
Vierte la crema sobre la base de galleta ya fría y lleva el molde nuevamente a la nevera. Deja reposar al menos tres horas, aunque lo ideal es toda la noche para que la tarta adquiera firmeza y se asienten los sabores.
Al día siguiente, desmolda con cuidado y decora a tu gusto. Puedes cubrirla con crema chantilly, una crema ligera de queso crema con azúcar glas y mantequilla, mermelada de fresa o fresas frescas cortadas en mitades. ¡A disfrutar!
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Si quieres que tu tarta tenga un sabor intenso a fresas, el secreto está en preparar una especie de mermelada casera.
Puedes usar tanto fresas frescas como congeladas; lo importante es dejarlas cocinar lentamente con azúcar hasta que hiervan y reduzcan, concentrando su dulzor natural y liberando todo su aroma. Este proceso no solo potencia el sabor, también aporta un color rojo vibrante que, al mezclarse con la crema de queso, se transforma en un tono rosado delicado.
Valor nutricional
(por comensal)
- Calorías: 0,4 ,560 kcal
- Proteínas: 5 g
- Grasas: 3 g
- Carbohidratos: 4 g
- Fibra: 1 g