Receta de Flan de queso y leche condensada: suave, cremoso y con un delicioso toque de caramelo
Entre todos los postres clásicos, el flan siempre tiene un lugar especial. En esta versión, el queso crema aporta una textura aún más sedosa y cremosa, mientras que la leche condensada le da ese dulzor delicado que lo convierte en un auténtico placer.
El resultado es un flan suave, cremoso y con un sabor más dulce que el clásico, pero que mantiene toda la sencillez de este postre de siempre. Y hay otro detalle que juega a su favor: es de esos postres que agradecen el reposo. Puedes prepararlo con tiempo, dejarlo enfriar tranquilamente y desmoldarlo justo antes de llevarlo a la mesa. Al pasar la cuchara por el flan, la textura debe mantenerse firme pero temblorosa, con el caramelo cayendo poco a poco por los laterales. Ahí está buena parte de su encanto.
Ingredientes:
Cómo hacer Flan de queso y leche condensada: suave, cremoso y con un delicioso toque de caramelo:
Empieza preparando el caramelo para recubrir la base. Para hacer este caramelo seco, en una olla vierte un tercio del azúcar y deja que se caliente hasta que se derrita y se vea como un jarabe. Incorpora más azúcar encima y nuevamente deja que se derrita. Si notas que está tomando color, puedes remover con una espátula resistente a altas temperaturas.
Cuando tengas un caramelo dorado ligeramente oscuro, retíralo inmediatamente del fuego y viértelo en un recipiente apto para altas temperaturas. Luego, gira el molde con cuidado para que el caramelo se distribuya de manera uniforme y deja enfriar.
Para hacer el flan, coloca en un bol el queso crema junto con la leche condensada y remueve bien hasta obtener una crema homogénea.
Incorpora los huevos y remueve bien utilizando un batidor de globo, pero hazlo suavemente y no de forma enérgica para evitar que se formen burbujas y le den una textura granulada al flan.
Integra la leche evaporada junto con la esencia de vainilla y remueve hasta que todo esté bien incorporado.
Vierte la mezcla en el molde acaramelado, pero pásala previamente por un colador para eliminar cualquier resto de huevo que pueda afectar a la textura final. Cubre el molde con papel de aluminio y colócalo dentro de una fuente honda con agua caliente, de manera que el flan se cocine al baño María.
Hornea a 150 °C durante aproximadamente 1 hora, aunque el tiempo puede variar ligeramente según el horno. Sabrás que está listo cuando los bordes estén cuajados y el centro conserve un ligero movimiento al agitar suavemente el molde.
Apaga el horno, deja que entibie y retira el molde. Después, refrigera durante toda la noche para que el flan adquiera firmeza. Al día siguiente ya puedes desmoldarlo. Para hacerlo, pasa cuidadosamente una espátula por el borde para comprobar si el flan se mueve. Si no lo hace, puedes calentar el molde durante un par de segundos sobre una hornilla a fuego bajo para que el caramelo se vuelva líquido y permita que el flan se deslice con facilidad.
Coloca un plato boca abajo sobre el molde, dale vuelta y listo; ya puedes disfrutar de este flan de queso y leche condensada.
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Qué hacer para conseguir un flan de queso firme y cremoso
La textura de un buen flan de queso está en encontrar el punto justo entre firmeza y cremosidad. Cuando el huevo se calienta, sus proteínas se coagulan y forman una estructura que permite que la mezcla cuaje. El problema aparece cuando este proceso ocurre demasiado rápido: el flan puede quedar duro, granuloso o lleno de pequeños agujeros.
Ahí entra en juego el baño María. El agua actúa como una especie de barrera frente al calor directo del horno y permite que la temperatura alrededor del molde aumente de forma más lenta y uniforme. Así, la mezcla se cuaja poco a poco, sin sufrir cambios bruscos de temperatura.
Si el flan recibe demasiado calor de golpe, algunas zonas pueden llegar a hervir antes de que el resto esté cuajado. En ese momento se forman burbujas de vapor que quedan atrapadas en la preparación y dan lugar a esa textura porosa, con pequeños agujeros, que poco tiene que ver con la cremosidad que buscamos.
El queso crema también juega a favor de esa textura. Su contenido en grasa aporta una sensación más untuosa y ayuda a conseguir un flan más sedoso al paladar. Por eso, controlar la temperatura durante la cocción es tan importante como elegir bien los ingredientes.
Valor nutricional
(por comensal)
- Calorías: 628,3 kcal
- Proteínas: 18,5 g
- Grasas: 30,2 g
- Carbohidratos: 70,7 g
- Fibra: g
