Júlia Farré, nutricionista: “Para elegir el melón más dulce, fíjate en el peso, la mancha amarilla y si es macho o hembra”
El melón es una de las frutas estrella del verano, es refrescante, dulce y ligero, pero lo cierto es que no siempre es fácil acertar en el supermercado y elegir la mejor variedad. A menudo nos dejamos llevar por la intuición, el aspecto exterior o incluso la suerte, y acabamos llevándonos a casa un melón que no está en su punto y tiene ese sabor a “pepino” tan poco apetecible.
Por eso, la nutricionista y dietista Júlia Farré comparte en un vídeo de sus redes sociales una serie de claves sencillas para aprender a escoger un buen melón antes de abrirlo. Tal y como explica en su publicación: “Para elegir el mejor melón, fíjate en el peso, la mancha amarilla y si es macho o hembra”. A partir de estas pautas, repasamos cuáles son los trucos más importantes para acertar siempre y disfrutar de un melón dulce, jugoso y en su punto justo de maduración.
El peso del melón: pista clave de jugosidad
Uno de los primeros aspectos en los que se fija la nutricionista Júlia Farré es en el peso del melón. En igualdad de tamaño, el melón que más pesa suele ser el que tiene mayor contenido de agua y, por lo tanto, más jugosidad.
Lo más recomendable al elegirlos en el supermercado es comparar los diferentes melones con la mano: el melón que más pesa suele ser el más maduro y sabroso. Este pequeño gesto puede marcar una gran diferencia entre llevarnos a casa un melón insípido y uno que esté realmente dulce.
Este truco es especialmente útil cuando estamos haciendo la compra y dudamos entre varias piezas similares y no sabemos por cuál decantarnos.
Una textura firme, pero no blanda
Otro punto importante es la textura exterior. El melón debe sentirse firme al tacto, sin zonas blandas ni hundidas.
Según los consejos compartidos por la nutricionista, es importante tocarlo suavemente pero sin llegar a presionar demasiado. Si el melón está demasiado blando, puede estar pasado o haber perdido calidad en su interior.
Este equilibrio entre firmeza y madurez es clave, ya que un melón demasiado duro aún no ha alcanzado su punto óptimo de maduración, mientras que uno demasiado blando ya lo ha superado y es mejor descartarlo.
El sonido: el famoso “golpecito”
Uno de los trucos más populares al elegir un melón —y también incluido en las recomendaciones de la nutricionista—es el del sonido. Solo tenemos que dar unos pequeños golpecitos al melón y estar atentos a su respuesta.
Si el sonido es hueco, suele ser una buena señal de maduración. Nos indica que el interior está en su punto y que la pulpa tiene la textura adecuada.
Aunque puede parecer un gesto anecdótico, muchas personas lo utilizan como uno de los métodos más fiables para elegir la mejor fruta en el supermercado.
La mancha amarilla como indicador de dulzor
De la misma forma que sucede con la sandía, otro de los factores más importantes que destaca la nutricionista es la mancha amarilla del melón, es decir, la zona donde la fruta estuvo apoyada en la planta.
Cuanto más grande, definida y de un tono más intenso sea esta mancha amarilla, más tiempo ha permanecido el melón madurando de forma natural al sol antes de ser recolectado. Este proceso de maduración en la planta es clave, ya que permite que los azúcares se desarrollen correctamente dentro de la fruta, lo que se traduce en un sabor más dulce y una textura más jugosa.
Además, este indicador tiene una ventaja importante frente a otros métodos de selección, y es que es completamente visual. No hace falta tocar el melón ni golpearlo, sino simplemente observarlo con atención en el punto de apoyo. Por eso, es uno de los trucos más prácticos y fiables cuando estamos comprando en el supermercado y queremos decidir rápidamente entre varias piezas.
En general, una mancha amarilla pálida o muy pequeña puede indicar que el melón ha sido recolectado demasiado pronto, mientras que una mancha más extensa y dorada suele asociarse a una maduración óptima y a un mejor desarrollo del sabor.
Melón macho y melón hembra: el detalle menos conocido
Entre las cosas más curiosas de los consejos de Júlia Farré es la diferenciación entre melón macho y melón hembra, un detalle poco conocido por la mayoría de personas.
Según el contenido original, el melón hembra presenta ralladuras en forma de círculos cerca de la punta y suele ser más dulce. En cambio, el melón macho muestra rayas más largas y lineales.
Aunque esta diferenciación no siempre es tenida en cuenta en la compra diaria, muchas personas la utilizan como un criterio adicional para intentar acertar con el melón más dulce. No se trata de una clasificación científica estricta, sino más bien de una observación tradicional basada en la apariencia externa del fruto, que muchos consumidores utilizan como pista orientativa para anticipar el sabor.
Otros factores que también influyen en la calidad del melón
Además de los trucos mencionados, existen otros aspectos generales que pueden ayudarte a elegir un buen melón:
- El aroma: un melón maduro suele desprender un olor dulce y característico, especialmente en la zona del pedúnculo. Si no huele a nada, probablemente aún no esté en su punto.
- El estado de la piel: la piel debe ser uniforme, sin golpes, grietas ni zonas hundidas. Un buen melón mantiene una apariencia firme y consistente.
- La temporada: el melón es una fruta de verano. Consumirlo en temporada aumenta las probabilidades de encontrar piezas más dulces, maduras y sabrosas, ya que han completado su ciclo natural.
Cómo conservar el melón en casa para que dure más
Una vez hayas elegido el melón perfecto, también es importante conservarlo correctamente en casa para alargar su vida útil.
Si aún está entero y sin cortar, puedes mantenerlo a temperatura ambiente en un lugar fresco, pero una vez cortado, lo ideal es guardarlo en la nevera, bien cubierto para evitar que absorba olores de otros alimentos y para mantener su frescura. Consumirlo en pocos días ayuda también a conservar mejor su sabor y textura.
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