Rubén García, nutricionista: “Para elegir la mejor sandía, fíjate siempre en la mancha amarilla”
Con la llegada del calor, la sandía vuelve a ocupar un lugar privilegiado en supermercados, fruterías y mercados de toda España. Refrescante, rica en agua y relativamente baja en calorías, es una de las frutas más consumidas durante los meses estivales. Sin embargo, existe una pregunta recurrente entre los consumidores: ¿cómo saber si una sandía está realmente madura antes de abrirla?
El nutricionista y divulgador Rubén García, conocido por sus contenidos sobre alimentación en redes sociales, ha compartido recientemente un vídeo que acumula miles de visualizaciones en el que recupera varios consejos que aprendió de su abuelo agricultor. El más importante, asegura, consiste en observar atentamente la llamada “mancha de apoyo” o “mancha de campo”.
Ni el peso ni el sonido: así se elige una sandía madura de verdad
Rubén García asegura que “para elegir la mejor sandía hay que fijarse en la mancha amarilla”. Esa marca aparece en la parte de la fruta que permaneció apoyada sobre el suelo mientras maduraba en la planta.
Según García, cuanto más intenso sea el tono amarillo cremoso o amarillo oscuro de esa zona, más tiempo habrá permanecido la sandía madurando de forma natural. Por el contrario, cuando la mancha es blanquecina o muy pálida, suele indicar que la fruta fue recolectada antes de alcanzar su punto óptimo.
Lo primero, dice el nutricionista, es identificar la parte a revisar, que debe ser la de abajo, que tiene un círculo de color marrón. La fruta que está más madura es la que tiene ese círculo más pequeño (conviene comparar eso en distintas unidades antes de comprar). La parte de arriba es la que tiene restos del rabillo de la fruta.
También es importante ver si la sandía tiene en su cáscara manchas amarillas, señal de que ha pasado un buen tiempo reposando al sol en el suelo, y otras manchas más pequeñas de tonalidad marrón, que indican que las abejas la han polinizado u otros insectos han pasado por allí por la dulzura del fruto.
Un consejo que también respaldan los expertos agrícolas
Aunque pueda parecer un truco popular transmitido de generación en generación, la recomendación coincide con las indicaciones de numerosas organizaciones agrícolas internacionales.
La Universidad de Illinois, uno de los centros estadounidenses que más materiales divulgativos publica sobre horticultura, señala que la denominada field spot o mancha de campo constituye uno de los mejores indicadores visuales de maduración. Una sandía lista para el consumo suele presentar una tonalidad amarilla cremosa en esa zona.
La Universidad de Georgia y diversos servicios de extensión agraria de Estados Unidos también mencionan este aspecto entre los criterios más fiables para seleccionar frutos maduros.
En el vídeo, García añade otro detalle aprendido en el campo: observar la parte superior de la fruta y comprobar que la piel presente un aspecto uniforme y bien desarrollado, señal de que el crecimiento se produjo de manera normal.
Cuándo es mejor comer sandía: los meses en los que está más dulce
La temporada española de sandía comienza habitualmente en primavera y alcanza su mejor momento entre junio y septiembre. Las primeras producciones suelen llegar desde los invernaderos de Almería y Murcia. A medida que avanza el verano se incorporan otras zonas productoras, especialmente Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Extremadura y Andalucía occidental.
Según datos del Ministerio de Agricultura, las sandías que llegan al mercado en julio y agosto suelen presentar las mejores condiciones organolépticas porque coinciden con el pico de producción nacional y con las condiciones climáticas más favorables para la maduración.
Es precisamente durante estos meses cuando resulta más fácil encontrar ejemplares especialmente dulces y aromáticos.
Aunque muchos no es un dato muy difundido, España figura entre los principales productores de sandía de Europa. El Ministerio de Agricultura y de Eurostat informa que el país produce anualmente más de un millón de toneladas de esta fruta, una cifra que sitúa a España entre los grandes referentes comunitarios del sector.
La provincia de Almería lidera la producción nacional, seguida por Murcia, Sevilla, Ciudad Real y Valencia. Gran parte de la cosecha procede de explotaciones altamente especializadas que abastecen tanto al mercado nacional como a numerosos países europeos.
De hecho, España exporta cientos de miles de toneladas cada año. Alemania, Francia, Reino Unido, Países Bajos e Italia figuran entre los principales destinos de una fruta que se ha convertido en uno de los grandes productos hortofrutícolas del verano español.
Una fruta muy hidratante y con pocos azúcares
Además de su popularidad gastronómica, la sandía destaca por sus propiedades nutricionales. La Fundación Española de la Nutrición señala que alrededor del 92 % de su composición es agua. Esto la convierte en una de las frutas con mayor capacidad hidratante.
También aporta vitamina C, vitamina A en forma de carotenoides y licopeno, un pigmento antioxidante que diversos estudios han relacionado con posibles beneficios cardiovasculares.
A diferencia de lo que muchas personas creen, la sandía tiene una densidad calórica relativamente baja: unas 30 calorías por cada 100 gramos.
Aunque la mayoría de los consumidores la asocia a rodajas frescas o macedonias, la sandía también forma parte de recetas menos conocidas.
En Andalucía existen versiones veraniegas de gazpacho elaboradas con sandía que sustituyen parte del tomate por esta fruta, aportando un sabor más dulce y refrescante.
Algunos chefs incorporan sandía a ensaladas junto con queso feta, menta o albahaca, una combinación muy popular en países mediterráneos.
También se utiliza en ceviches vegetales, granizados, cócteles sin alcohol e incluso en platos a la parrilla. Cuando se cocina brevemente sobre una superficie muy caliente, la pulpa adquiere una textura sorprendentemente firme que algunos cocineros comparan con la de ciertas verduras asadas.
La agricultura tradicional y el respaldo de la ciencia
El consejo compartido por Rubén García refleja también una realidad frecuente en la agricultura tradicional: muchos de los criterios utilizados durante generaciones por agricultores y productores han terminado encontrando respaldo científico.
La observación del color, la textura, el peso o la forma de los frutos sigue siendo una herramienta habitual para evaluar la maduración incluso en explotaciones modernas. En el caso de la sandía, la vieja recomendación transmitida por el abuelo del nutricionista coincide con lo que indican universidades, agrónomos y especialistas en producción hortofrutícola: si la mancha de apoyo presenta un color amarillo intenso, las probabilidades de llevarse a casa una sandía dulce y madura son mucho mayores.
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