Nutrición y salud

La OMS equipara las carnes procesadas al tabaco en riesgo de cáncer: qué significa realmente

 
Marta Vicente
Por Marta Vicente, Editora Sénior. 19 enero 2026
La OMS equipara las carnes procesadas al tabaco en riesgo de cáncer: qué significa realmente

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha puesto sobre la mesa un tema que afecta a todos: el consumo habitual de carnes procesadas se puede equiparar al tabaquismo en el riesgo de desarrollar cáncer en seres humanos. Este es un dato que no solo despierta preocupación, sino que invita a reflexionar sobre los hábitos alimentarios y sobre la importancia de tomar las decisiones adecuadas en cuanto a nuestra dieta diaria.

Los estudios realizados detrás de esta clasificación muestran claramente patrones que vinculan el consumo regular de alimentos, como el jamón, los panchos o la panceta, con un aumento de tumores malignos en el intestino grueso y el recto.

El consumo frecuente de carnes procesadas aumenta el riesgo de cáncer colorrectal, según la OMS

Según el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), agencia dependiente de la OMS, alimentos como el jamón, la panceta o los panchos se sitúan en el Grupo 1, la categoría que agrupa aquellos agentes con mayor capacidad de causar cáncer en humanos, como es el caso del tabaco y el asbesto. Concretamente, el consumo habitual de carnes procesadas como las mencionadas estaría vinculado de forma directa con un mayor riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.

Aunque esto no significa que consumir de manera ocasional un trozo de jamón sea equivalente al daño que produce fumar cigarrillos a diario o estar expuestos a asbestos, sí se ha evidenciado que incluir estos alimentos procesados en la dieta cotidiana, podría aumentar el riesgo de desarrollar tumores malignos en el intestino grueso y el recto.

Este peligro no es debido a la carne en sí, sino a aquellos procesos industriales a los que es sometida para que se conserve en buenas condiciones y tenga un buen sabor, como el curado, la salazón o el ahumado. Estos procesos generan una serie de compuestos químicos, como las nitrosaminas, que pueden ser perjudiciales y dañinos para el organismo. Las nitrosaminas se forman cuando los nitratos y nitritos, añadidos habitualmente como conservantes en los productos cárnicos, reaccionan con las propias proteínas de la carne, en determinadas condiciones. Con el tiempo, las nitrosaminas pueden alterar el ADN de las células y originar procesos cancerígenos.

La OMS equipara las carnes procesadas al tabaco en riesgo de cáncer: qué significa realmente - El consumo frecuente de carnes procesadas aumenta el riesgo de cáncer colorrectal, según la OMS

El calor extremo al cocinar también juega un papel importante

Como señala el CIIC, no solo el tipo de producto cárnico que se consume importa, sino que también la forma en la que se cocina. Y es que métodos tan comunes como asar a la parrilla o freír la carne a temperaturas muy altas pueden aumentar la presencia de otros compuestos químicos con potencial cancerígeno. Este es el caso de las llamadas aminas heterocíclicas, unas sustancias que se producen cuando la carne entra en contacto directo con el fuego o con superficies muy calientes.

Por todo ello, el CIIC, advierte que la combinación del uso de conservantes químicos presentes en las carnes procesadas y esas técnicas de cocción agresivas aumenta el riesgo total de que estos alimentos contribuyan al desarrollo de cáncer en seres humanos. Por tanto, no solo es importante reparar en qué comemos, sino también en la forma en la que preparamos todo aquello que comemos a diario.

Esto recomiendan los expertos en salud pública para reducir el riesgo de cáncer por el consumo de carne

Ante las evidencias científicas señaladas, los especialistas en salud pública insisten en un mensaje muy claro: moderar el consumo de carne procesada e incluso eliminar de la dieta diaria los productos mencionados (jamón, panchos y panceta). Para quienes no deseen renunciar por completo a su consumo, los expertos recomiendan reducir tanto la frecuencia como el tamaño de las porciones, y optar por consumir cantidades menores de manera progresiva.

Resaltan la importancia de sustituir el consumo de las carnes ultraprocesadas por otras fuentes de proteínas saludables de fácil alcance, como pescado, legumbres o alimentos de origen vegetal. Estas opciones no requieren procesos industriales agresivos para su conservación y son excelentes alternativas para obtener los nutrientes esenciales que el organismo necesita, formando parte de una dieta equilibrada y variada.

En definitiva, la comunidad médica y la OMS coinciden en que pequeños cambios como estos en la alimentación pueden ayudar a proteger el intestino frente al cáncer colorrectal y reducir notablemente el riesgo de desarrollar enfermedades asociadas al metabolismo de compuestos tóxicos a largo plazo. Una dieta equilibrada y basada en frutas, verduras, legumbres y proteínas de origen vegetal es una de las mejores estrategias para reducir la incidencia de cáncer y otro tipo de enfermedades comunes, como los problemas cardiovasculares y la diabetes.

Esta clasificación que la OMS y el CIIC ha realizado no es arbitraria, sino que está fundamentada en décadas de estudios epidemiológicos y experimentales que han podido demostrar claros patrones de riesgo. No es cuestión de alarmar a la población, sino de poner de manifiesto las evidencias científicas que ayuden a concienciar sobre lo importante que son las decisiones que tomamos en relación a lo que comemos.

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