Los chefs cordobeses coinciden: “El salmorejo tradicional no lleva agua, sino 1 kg de tomates, pan de telera y aceite de oliva”

 
Por Alejandro Lingenti. 30 junio 2026

Cada verano reaparece el mismo debate en muchas cocinas españolas: ¿el salmorejo lleva agua o basta con el jugo de los tomates? Aunque en muchas casas se añade un poco de agua para facilitar el triturado, los cocineros cordobeses especializados en este plato son claros: la receta tradicional no la incluye. La cremosidad característica del salmorejo se consigue gracias a la emulsión entre el tomate maduro, el pan de telera y el aceite de oliva virgen extra, sin necesidad de diluir la mezcla.

Esa es la receta que defiende la Cofradía del Salmorejo Cordobés, entidad que desde hace años trabaja para preservar la elaboración tradicional de uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía andaluza. En la fórmula recogida en El libro del salmorejo cordobés, coordinado por la historiadora y gastrónoma Almudena Villegas, los ingredientes son muy concretos: un kilo de tomates maduros, pan de telera, aceite de oliva virgen extra, ajo y sal. El agua simplemente no aparece.

El secreto del auténtico salmorejo está en el tomate y el pan de telera

Uno de los errores más habituales consiste en añadir agua para conseguir una textura más ligera o ayudar a la batidora. Un tomate maduro contiene cerca de un 95 % de agua, cantidad más que suficiente para hidratar la miga del pan y obtener una crema suave si se respetan las proporciones.

El chef cordobés Paco Morales, responsable del restaurante Noor, ha defendido en diferentes catas y encuentros gastronómicos que la calidad del salmorejo depende mucho más de la materia prima que de incorporar ingredientes adicionales. Para él, el protagonismo debe recaer en el tomate, el aceite de oliva virgen extra y un buen pan, respetando la esencia de una receta que forma parte del patrimonio culinario cordobés.

En la misma línea se expresa Kisko García, chef del restaurante Choco, también en Córdoba, quien ha explicado en varias demostraciones culinarias que el auténtico salmorejo se construye a partir de ingredientes sencillos y de excelente calidad. Cuando el tomate está en su punto óptimo de maduración y el pan absorbe correctamente sus jugos, no es necesario añadir agua para conseguir la textura adecuada.

Precisamente por eso la receta tradicional utiliza pan de telera, un pan blanco típico de Córdoba con una miga compacta y poca corteza. Su estructura permite absorber el líquido del tomate sin convertir la preparación en una mezcla pesada, al tiempo que facilita la emulsión con el aceite de oliva.

La receta del salmorejo cordobés tradicional y el truco de su emulsión

La receta tradicional únicamente requiere:

  • 1 kilo de tomates muy maduros
  • 200 gramos de pan de telera
  • Entre 100 y 150 mililitros de aceite de oliva virgen extra
  • Un diente de ajo
  • Sal

El procedimiento también tiene importancia. Primero se trituran los tomates junto con el ajo y la sal. Después se incorpora poco a poco el pan troceado para que absorba todo el jugo. Finalmente se añade el aceite de oliva virgen extra en un hilo fino mientras la batidora continúa funcionando, favoreciendo la emulsión que aporta al salmorejo su característica textura sedosa.

Los cocineros insisten en que el aceite no debe incorporarse de golpe. Igual que ocurre con la mayonesa casera, una incorporación lenta favorece que las pequeñas gotas de grasa queden perfectamente integradas en la mezcla.

Otro aspecto que suele generar dudas es la guarnición. El huevo duro picado y el jamón serrano no forman parte de la elaboración propiamente dicha, sino del acabado final del plato, al que también puede añadirse un pequeño chorro de aceite de oliva virgen extra.

Un plato con siglos de historia que sigue evolucionando

Aunque hoy el salmorejo se asocia inmediatamente a Córdoba, sus orígenes se remontan a antiguas preparaciones elaboradas con pan, ajo, aceite y vinagre mucho antes de la llegada del tomate desde América. Con el tiempo, el tomate terminó convirtiéndose en el ingrediente protagonista y dio lugar a la versión que hoy se considera tradicional.

Actualmente existen numerosas reinterpretaciones elaboradas con remolacha, mango, aguacate, cerezas o incluso fresas. Muchos chefs las incorporan a sus cartas durante el verano, pero suelen diferenciarlas claramente del salmorejo cordobés clásico.

La Fundación Española de la Nutrición (FEN) señala que el tomate constituye una fuente importante de vitamina C, potasio y licopeno, un compuesto antioxidante cuya disponibilidad aumenta precisamente cuando el tomate se tritura y se combina con aceite de oliva virgen extra.

Ese equilibrio entre tradición y nutrición explica que el salmorejo siga siendo uno de los platos más consumidos durante los meses de calor en España. Refrescante, saciante y preparado con ingredientes sencillos, demuestra que muchas veces las mejores recetas son también las más simples. Y, como recuerdan los cocineros cordobeses, cuando el tomate está en su mejor momento, no hace falta añadir agua: basta con respetar la receta de siempre.

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