Científicos avisan: tu desayuno puede estar dañando tu esmalte dental más de lo que piensas
Una tostada de pan blanco parece un desayuno inofensivo. Sin embargo, en cuanto das el primer bocado, la saliva empieza a transformar gran parte de su almidón en azúcares simples capaces de alimentar a las bacterias de la boca.
El proceso ocurre en apenas segundos y desencadena el mismo mecanismo que favorece la aparición de caries: la producción de ácidos que desgastan el esmalte dental. Por eso los dentistas llevan tiempo advirtiendo de que no solo el propio azúcar puede poner en riesgo los dientes, sino también algunos alimentos ricos en almidón refinado que muchas personas consumen cada mañana sin preocupación.
El almidón del desayuno que tu saliva convierte rápidamente en azúcar
En muchos hogares de España el desayuno habitual son tostadas de pan blanco, galletas con café con leche o un bol de cereales de los que se compran en el supermercado. No es lo más común desayunar productos excesivamente dulces, aunque siempre hay quien añade mermelada a las tostadas o se decanta por un croissant.
Cuando desayunas así, no tienes la percepción de que el esmalte de tus dientes esté sufriendo ningún daño. El riesgo de la caries lo asocias más a comer caramelos, chicles o pasteles, pero no a una tostada o a un puñado de galletas. El caso es que estos productos contienen almidón refinado y ese almidón, dentro de la boca, rápidamente se comporta como si fuera azúcar.
Lo que pasa en tu boca durante los primeros 30 segundos tras comer almidón
Si te llevas a la boca un trozo de tostada o una galleta, una enzima de la saliva, llamada amilasa, empieza a descomponer el almidón en azúcares simples. Y lo hace muy rápido.
Una investigación del Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia comprobó que hasta la mitad del almidón del pan se transforma en azúcar durante los primeros 30 segundos en la boca. Cuando eso sucede, las bacterias que viven en la placa dental se alimentan de esos azúcares y empiezan a producir ácidos que atacan al esmalte y abren la puerta a la caries. El mecanismo es exactamente el mismo que el que desencadena un caramelo en la boca. La procedencia del azúcar es distinta, pero el daño es el mismo.
La saliva puede proteger tus dientes, pero necesita tiempo
Te preguntarás entonces por qué, si esto pasa cada vez que comemos algo con almidón, no tenemos la boca llena de caries. Y la respuesta tiene que ver con la propia saliva, que siempre encuentra la manera de proteger nuestros dientes. La misma saliva que descompone el almidón es también la que, una vez ha terminado el ataque, neutraliza esos ácidos y limpia la boca de cualquier amenaza que pueda poner en peligro el buen estado del esmalte. Eso sí, para poder hacerlo necesita su tiempo. Entre treinta minutos y una hora, según el caso.
Y aquí es donde está la clave. Si desayunas tus tostadas y luego no vuelves a probar nada hasta la hora de comer, la saliva tiene margen de sobra para reparar la agresión que sufren tus dientes. Pero si desayunas tostadas, picoteas galletas a media mañana con un café y rematas con un puñado de frutos secos antes de comer, lo que estás haciendo es encadenar un ataque ácido tras otro sin dejar que la boca tenga margen de recuperación. Por tanto, el problema no solo es lo que comes sino, sobre todo, con qué frecuencia lo haces. Y esto es algo que ya ha advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Por qué las galletas y los cereales con leche son especialmente problemáticos
Y ahora vamos a entrar más en detalle con aquellos alimentos con los que deberías tener cautela a la hora de consumirlos en el desayuno:
El peor de todos son las galletas con leche o los cereales también con leche. Y el motivo es que combinan tres factores en uno: el almidón refinado de la harina, el azúcar añadido —que muchos de estos productos llevan en cantidades que solo descubres cuando lees la letra pequeña de los ingredientes— y, sobre todo, su consistencia blanda. Cuando la galleta o el cereal se reblandece al mezclarse con la leche y lo masticas, quedan restos atrapados en los pequeños surcos de las muelas que están al fondo de la boca. Llegar allí con el cepillo de dientes es complicado y la saliva tarda mucho más en eliminar esos restos y, mientras tanto, los dientes siguen expuestos al efecto dañino de los ácidos.
El problema de mezclar pan blanco y zumo de naranjas
En segundo lugar de este particular ranking está la tostada con mermelada. El pan blanco aporta el almidón refinado, como ya hemos visto, pero la mermelada añade además una buena cantidad de azúcar. Es una combinación que alimenta por partida doble a las bacterias de la boca, pero sin llegar al extremo de las galletas.
Y en tercer lugar, el zumo de naranja recién exprimido que muchas personas toman acompañando a las tostadas o a los cereales. Su aporte de vitamina C es interesante, pero es ácido y contiene azúcar. Si tomas zumo de naranja solo, el daño que provocan al esmalte es limitado. Si lo combinas con el almidón refinado de las tostadas, su efecto dañino se agrava.
La razón por la que algunas personas tienen más caries que otras comiendo lo mismo
Seguro que conoces a personas de tu entorno, o incluso de tu familia, que desayunan tostadas todas las mañanas y nunca han tenido problemas de caries. Y, en cambio, tú que te lavas los dientes con frecuencia tienes caries en varias muelas. O quizás es al revés.
¿Y eso por qué ocurre? Quizá tenga que ver con la cantidad de amilasa que produce tu boca. Cada persona genera una cantidad distinta: unos producen más y otros menos.
Y eso lo sabemos gracias a una investigación de la Universidad de Cornell, que apunta a que quien produce más amilasa transforma el almidón refinado en azúcar mucho más rápido, lo que adelanta y agrava el ataque ácido sobre los dientes. La investigación no saca conclusiones definitivas y queda mucho por estudiar, pero ya ofrece una pista para entender por qué dos personas que desayunan lo mismo no son igual de propensas a las caries.
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