Suiza deja sin palabras a España: “La mejor 'tortilla' de patata no se hace con huevos, lleva 2 cucharadas de mantequilla y 1 cebolla”
La tortilla de patata es uno de esos platos intocables para cualquier español. Con cebolla o sin ella, más o menos cuajada, cada casa tiene su receta y su forma de defenderla. Sin embargo, a apenas unas horas de España existe una elaboración tradicional que sorprende por su parecido, aunque prescinda de uno de los ingredientes más importantes de nuestra tortilla: el huevo.
Se trata del rösti, una receta típica de Suiza elaborada con patata rallada, mantequilla y, en muchas versiones, cebolla. Su aspecto recuerda a una tortilla de patata fina y dorada, pero su textura es completamente diferente: crujiente por fuera y tierna por dentro, gracias al propio almidón de la patata. Durante décadas ha sido un plato humilde que preparaban los agricultores suizos para empezar el día con energía. Hoy se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la gastronomía del país y cada vez suma más seguidores fuera de sus fronteras. Lo mejor es que necesita muy pocos ingredientes y el resultado es espectacular.
El rösti, la receta suiza que recuerda a una tortilla de patata
Aunque muchos lo descubren ahora en redes sociales o en restaurantes especializados, el rösti tiene siglos de historia. Nació en la región de Berna como un desayuno contundente para los trabajadores del campo, que necesitaban un plato sencillo, económico y muy saciante.
Su elaboración no puede ser más sencilla. La base son patatas cocidas previamente, ralladas y cocinadas lentamente en una sartén con mantequilla hasta formar una especie de torta dorada. No lleva huevo, harina ni ningún otro ingrediente para unir la mezcla, sino que es el propio almidón de la patata el que actúa como “pegamento” natural. Y esa ausencia de huevo es lo que hace que muchos lo definan como una especie de tortilla de patata diferente. No busca quedar jugosa, sino ofrecer un exterior muy crujiente que contraste con un interior suave y cremoso.
En Suiza, de hecho, su importancia va mucho más allá de la cocina. Existe incluso el término Röstigraben, una expresión utilizada con humor para referirse a la frontera cultural entre la Suiza germanófona y la francófona, ya que tradicionalmente era un plato mucho más popular en la primera.
El secreto está en la patata y en no tener prisa al cocinarlo
Si hay un detalle que diferencia un rösti corriente de uno realmente bueno es la preparación de la patata. Los cocineros suizos suelen hervir las patatas enteras y con piel el día anterior. Después, las dejan enfriar durante toda la noche en la nevera antes de rallarlas. Este paso, que puede parecer innecesario, es fundamental.
Al enfriarse, el almidón de la patata cambia su estructura y hace que la pulpa sea mucho más firme. Así resulta mucho más fácil rallarla sin convertirla en puré y consigue mantenerse unida durante la cocción. Además, durante ese enfriamiento se forma parte del llamado almidón resistente, un tipo de carbohidrato que se digiere más lentamente y actúa como alimento para la microbiota intestinal. Esto no convierte al rösti en un plato ligero, pero sí hace que la respuesta glucémica sea algo más moderada que la de una patata recién cocida.
Otro de los grandes protagonistas es la mantequilla. Es la grasa tradicional de la receta y la responsable de ese aroma tan característico y del dorado uniforme que consigue la superficie. Aun así, muchas versiones actuales utilizan aceite de oliva o una combinación de ambos para adaptarlo a otros gustos. La cebolla, aunque no aparece en todas las recetas tradicionales, es uno de esos ingredientes que muchos cocineros consideran imprescindibles porque aporta un toque ligeramente dulce y mucha más jugosidad.
La receta original del rösti suizo paso a paso
Si nunca has preparado un rösti, te sorprenderá lo fácil que es. Con ingredientes que seguramente ya tienes en casa y sin necesidad de usar huevo, puedes conseguir una 'tortilla' de patata crujiente por fuera y suave por dentro. Sigue esta receta paso a paso para preparar la versión más tradicional de este clásico suizo.
Ingredientes
- 800 g de patatas para cocer
- 1 cebolla mediana
- 2 o 3 cucharadas de mantequilla
- Sal al gusto
- Pimienta negra recién molida
Cómo prepararlo
- Lava bien las patatas y cuécelas enteras, con piel, en abundante agua con sal durante unos 15 o 20 minutos. Deben quedar cocidas, pero todavía firmes.
- Déjalas enfriar. Escúrrelas y, una vez templadas, guárdalas en la nevera hasta el día siguiente.
- Pela las patatas ya frías y rállalas utilizando la parte gruesa del rallador. Pica la cebolla muy fina.
- Sazona la mezcla. Añade sal y pimienta a la patata rallada y mezcla con cuidado para no romper demasiado las hebras.
- Derrite la mitad de la mantequilla en una sartén antiadherente y sofríe la cebolla hasta que esté transparente y ligeramente dorada.
- Mezcla la cebolla con la patata rallada y extiende toda la preparación sobre la sartén, presionando ligeramente con una espátula para compactarla.
- Cocina a fuego medio-bajo entre 8 y 10 minutos sin remover hasta que la base esté bien dorada.
- Dale la vuelta. Ayúdate de un plato para girar el rösti, añade el resto de la mantequilla y cocina otros 8 o 10 minutos por el otro lado.
- Sirve recién hecho, pero déjalo reposar un par de minutos antes de llevarlo a la mesa.
Cómo servir el rösti para convertirlo en un plato completo
Aunque puede disfrutarse solo, en Suiza es habitual acompañarlo con carnes, pescados y embutidos. Una de las combinaciones más populares consiste en servirlo con bacon crujiente, que da lugar al famoso Berner Rösti, una de las versiones más conocidas del país.
También resulta delicioso con queso Gruyère o Emmental rallado, dando lugar al Käserösti, otra especialidad muy habitual en los hogares suizos.
Si lo que quieres es disfrutar de una comida más ligera, puedes acompañarlo con salmón ahumado, verduras salteadas, champiñones, espárragos o una ensalada fresca. Incluso un huevo frito encima crea un contraste de texturas irresistible.
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