Los expertos coinciden: “No compres melón o sandía ya cortados si no están bien refrigerados”
Con la llegada del calor, el melón y la sandía vuelven a ocupar un lugar destacado en los supermercados españoles. Muchas personas optan por comprarlos ya cortados, una alternativa cómoda para hogares pequeños o para quienes no quieren cargar con piezas de varios kilos. Pero es bueno saber que esa comodidad también implica un riesgo si no se respetan las condiciones de conservación.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) publicó un comunicado que sostiene que estas frutas solo deben adquirirse ya cortadas cuando se mantienen refrigeradas, ya que una vez abierta la corteza, la pulpa queda expuesta a la contaminación por microorganismos.
El organismo explica que la corteza actúa como una barrera natural frente a bacterias y otros patógenos presentes en el ambiente. Cuando se corta el fruto, esa protección desaparece y cualquier contaminación producida durante la manipulación, el transporte o el almacenamiento puede multiplicarse rápidamente, especialmente si la fruta permanece a temperatura ambiente.
Por qué aumenta el riesgo cuando el melón o la sandía están cortados
A simple vista puede parecer que una pieza de melón partida por la mitad es igual de segura que una entera, pero microbiológicamente la situación cambia por completo.
La superficie exterior de estas frutas puede albergar bacterias procedentes del suelo, del agua de riego, del transporte o de la manipulación. Mientras la corteza permanece intacta, esos microorganismos no alcanzan la pulpa.
El problema aparece durante el corte: el cuchillo puede arrastrarlos hacia el interior y, si después la fruta permanece fuera del frigorífico, encuentran un medio ideal para multiplicarse. Es por eso que la AESAN señala que las frutas cortadas deben mantenerse siempre refrigeradas y respetar la cadena de frío desde el establecimiento hasta el domicilio.
Listeria, Salmonella y E. coli: las bacterias que más preocupan
La advertencia no responde a un riesgo teórico: los microorganismos pueden proliferar en frutas listas para consumir si no se conservan correctamente.
Uno de los más peligrosos para la salud es la Listeria monocytogenes, una bacteria capaz de crecer incluso a temperaturas de refrigeración. Según explica el Ministerio de Sanidad, la listeriosis puede provocar cuadros leves en personas sanas, pero reviste especial gravedad en embarazadas, recién nacidos, personas mayores e individuos con el sistema inmunitario debilitado.
Otro de los patógenos que preocupa a las autoridades sanitarias es Salmonella, responsable de miles de gastroenteritis cada año. La infección suele provocar diarrea, fiebre, dolor abdominal, náuseas y vómitos, aunque en determinados pacientes puede producir complicaciones importantes.
También determinadas cepas de Escherichia coli (E. coli) pueden contaminar alimentos frescos y causar diarreas intensas, algunas de ellas acompañadas de complicaciones renales, especialmente en niños pequeños.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recuerda que las frutas y verduras listas para consumir constituyen uno de los alimentos donde resulta más importante extremar las medidas de higiene y conservación. Es bueno tener en cuenta estas advertencias siempre.
Cómo conservar correctamente en casa el melón y la sandía
La AESAN ofrece una serie de recomendaciones sencillas para reducir el riesgo microbiológico:
- Comprar fruta cortada únicamente si está expuesta en refrigeración.
- Transportarla rápidamente hasta casa, evitando largas exposiciones al calor.
- Conservarla siempre en el frigorífico.
- Lavar previamente la corteza cuando la pieza vaya a cortarse en casa.
- Utilizar cuchillos y tablas perfectamente limpios.
- Consumirla lo antes posible una vez abierta.
Estas medidas resultan especialmente importantes durante el verano, cuando las altas temperaturas aceleran la multiplicación de muchas bacterias.
Dos frutas muy saludables y beneficiosas si se manipulan bien
Las recomendaciones sanitarias no deben hacer olvidar que tanto el melón como la sandía forman parte de una alimentación saludable.
Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), ambas frutas contienen más de un 90 % de agua, por lo que contribuyen a mantener una buena hidratación durante los meses más calurosos.
El melón destaca por su contenido en vitamina C, provitamina A, potasio y compuestos antioxidantes, mientras que la sandía aporta vitamina C, licopeno (el mismo pigmento antioxidante presente en el tomate) y una elevada cantidad de agua con muy pocas calorías.
Es por eso que comprar melón o sandía ya cortados no supone un peligro en sí mismo. El riesgo aparece cuando estas frutas permanecen fuera de refrigeración después de perder la protección natural de su corteza. Ese es el dato clave.
Si el melón o la sandía ya están abiertos, deben venderse y conservarse siempre refrigerados. Un gesto tan simple como comprobar que la fruta se encuentra en una vitrina frigorífica (y eso no siempre ocurre en fruterías y supermercados) puede marcar la diferencia entre disfrutar de un alimento seguro o aumentar innecesariamente el riesgo de una intoxicación alimentaria.
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- Organización Mundial de la Salud (OMS) - Inocuidad de los alimentos / https://www.who.int/es/health-topics/food-safety